LA ENCERRONA

Made in China

“El sueño chino está relacionado con el sueño americano”: Xi Jinping

Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

En la actualidad, la gran mayoría del planeta damos por sentado el libre mercado como sistema económico, la democracia como el régimen político -que si bien es imperfecto, es lo más óptimo que tenemos-, los derechos humanos como valores inherentes y la cooperación internacional como un deber ser entre las naciones, sin embargo no siempre fue así. En tiempos de la Guerra Fría, protagonizada por Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y respectivos aliados, donde en realidad la disputa fue entre la dicotomía de dos sistemas políticos y económicos: capitalismo (libre mercado) versus socialismo.

Como marca la historia, Estados Unidos y el liberalismo económico se alzaron con la victoria para estabilizar el sistema internacional pasando del conflictivo mundo bipolar para establecer uno multipolar con hegemonía estadounidense. Sin embargo, al traer nuevos jugadores al tablero mundial, este sistema internacional se complica. Hoy reconocemos como actores políticos y económicos -además del aún hegemón mundial, Estados Unidos- a la Unión Europea, un estado supranacional con voz, voto y reglas propias, a Japón, a potencias regionales emergentes como lo son Brasil, México, India, los tigres asiáticos, y por supuesto China.

El despertar del gigante asiático en el mundo occidental ha sido con la fuerza milenaria que distingue a China. Su introducción como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, su inclusión en la Organización Mundial de Comercio y la recepción de los Juegos Olímpicos  (Beijing, 2008) fue el principio del despliegue de su poderío como jugador mundial. Joseph Nye distinguía el tipo de poder de las naciones como duro y blando (hard y soft power), donde ejército, economía o influencia en el sistema mundo pertenecen al primero y población, cultura o innovación caracterizan al segundo poder y China tiene ambos para convertirse en el nuevo hegemón, ante la mirada atónita de Estados Unidos.

Es por esto que desde los periodos de George Bush padre, se ha buscado limitar el crecimiento del llamado dragón asiático solo su ámbito regional, pero nadie puede contener a un dragón. Hoy la República Popular es la cuarta economía del mundo, es considerado de los grandes “ganadores” ante la crisis provocada por la Covid-19, ha desplegado relaciones comerciales con todas las regiones del orbe, tiene la mayor inversión en investigación científica y tecnológica, así como en armamento y capacitación para su ejército y el presidente y líder del Partido Comunista, Xi Jinping, ha puesto todo su empeño en construir alianzas estratégicas con las naciones que convienen a su gobierno.

Así pues, estamos frente a lo que será un nuevo cambio en el sistema internacional si se llega a dar el cambio de estafeta en la hegemonía mundial que, ante la visiones externas a China, resulta inminente, empero expertos chinos manifiestan que hacia el interior, Xi Jinping tendrá que hacer modificaciones políticas para implementar el régimen democrático, así como reducir las desigualdades económicas entre las y los habitantes, lo que no pasará en corto plazo. Mientras tanto, el gobierno de Biden hará lo posible por detener el ascenso chino mediante proteccionismo comercial, señalamiento de abusos en derechos humanos (principalmente laborales), impuestos medioambientales y regulaciones internacionales en materias de salud o tecnología para así evitar un mundo made in China.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

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