La mesa está puesta

Los constructores no pueden vivir de presupuestos estatales; los estados son deficitarios entre sus ingresos y los gastos

La mesa está puesta
Manuel García García / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Retomo en esta frase lo que señaló el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), hace unos días, en relación con las expectativas de crecimiento previstas por la Secretaría de Hacienda de 6.5 por ciento al cierre de 2021.

Desde mi punto de vista, lo anterior se podría lograr siempre y cuando se cumplan dos condiciones fundamentales: la primera, que el gobierno quiera cambiar sus políticas públicas hacia la industria y en particular a la cadena del sector de la construcción.

Y en segundo lugar, el gobierno federal sin duda deber ser más amigable y entender que nuestro sector es generador de empleo: un tema urgente y prioritario para que se puedan alcanzar los pronósticos de crecimiento que señaló Hacienda.

Vale recordar que nuestra industria:

  • Genera 5.6 millones de puestos de trabajo y 2.8 empleos indirectos.
  • Impacta a 63 de las 79 ramas productivas.
  • Contribuye en el PIB nacional, con cerca de 11 por ciento.

El gobierno federal tiene la oportunidad, con la industria mexicana, de alcanzar sus metas en materia económica para este año.

La gráfica (parte inferior del texto) es muy clara: se muestra “la desconfianza” del sector privado al no existir las condiciones jurídicas y legales para la inversión.

Coincido con el CEESP en que la mesa está puesta para los constructores organizados del país; me refiero a la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), que tiene la oportunidad de trabajar con los 15 nuevos gobernadores de los estados en atender sus propuestas en obras e infraestructura a lo largo de los seis años de los que disponen para consolidar planes y proyectos.

Ésta es la parte buena; la parte mala de la “mesa”, es que lo más seguro es que se quedarán muchos contratistas sin cobrar sus estimaciones, debido a que los gobernantes ya se van y dejan “colgados” a proveedores, contratistas y empresas.

Hoy en día, los constructores no pueden vivir del presupuesto de gobiernos estatales; esa vía simplemente “no deja”, dado que cada vez los estados son deficitarios entre ingresos y gastos, lo que los orilla a contraer más deudas debido a falta de ingresos federales y la poca generación de recursos propios.

Es por esto que se requiere presentar proyectos de infraestructura bajo nuevos paradigmas que cambien el rumbo para hacer obras y proyectos capaces de redituar en la construcción de infraestructura social, hospitalaria, agua potable, drenajes y desarrollo de carreteras, energía, almacenamiento, parques industriales, etcétera; que atraigan la inversión nacional y extranjera, y con ello mejor calidad de vida para la población. Los industriales no deben esperar licitaciones de obras estatales, que no alcanzan a cubrir las necesidades de obras de los estados ni para dar “chamba” a todo el sector.

Espero aprovechen la mesa puesta, con nuevos “menús” en la carta de “infraestructura”. Se presenta también la coyuntura con los nuevos gobernadores respecto a la Ley de Obras Públicas de los estados, para que éstas se modifiquen en el sentido de detonar proyectos acordados en el Plan de Infraestructura estatal.

Por último, espero que la mesa no la aprovechen las empresas extranjeras, particularmente China, pues en comentarios del Centro de Estudios China-México y la Facultad de Economía de la UNAM, señalados por Enrique Dussel, se ha vuelto procupante la participación de esa nación en los proyectos de infraestructura en América Latina; éstos alcanzaron un máximo histórico en 2020 con 24 proyectos por cerca de 28 mil millones de dólares.

A estos “amigos” ya los tenemos en Argentina, Brasil y Ecuador; en Colombia llaman a la puerta, y en México lo hicieron ya en el Tren Maya; aquí hay que señalar que la decisión del gobierno federal de no aceptar su oferta y otorgársela a un consorcio mexicano es de aplaudirse.

Las empresas chinas son agresivas por contar con capital que apoya su gobierno para hacer obras; antes fueron los españoles, hoy los orientales están cerca de comerse el “pastel” en México.

Ojalá que, así como el gobierno voltea a ver a Pemex y a la CFE, oriente también la mirada a nuestra industria, para competir en igualdad de condiciones con los extranjeros.

El apetito de las firmas chinas va en función de que ellos invierten en estudios de factibilidad y oportunidad, que su gobierno subsidia en México; estamos más lejos de lograr que el Ejecutivo federal tenga interés en apoyar a las Pymes nacionales en estos estudios. Esperamos que la mesa que está puesta la ocupen los empresarios mexicanos y no extranjeros, con los cuales no podemos competir, no por falta de experiencia, sino porque vienen subsidiados por sus países.

MANUEL GARCÍA GARCÍA

DIRECTOR GENERAL DE SIMAS, CONSULTORIA EN INFRAESTRUCTURA

manuel.garcia@simas.com.mx

DZA


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