Cuando la cultura del maltrato se alía con el poder

Por eso, una de las cosas que me han sorprendido más a últimas fechas, es lo cómodo que se sienten algunas personas insultando y amedrentando a quienes no piensan igual

Cuando la cultura del maltrato se alía con el poder
Julén Ladrón de Guevara/ Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México

Como país en general,  tenemos una pésima educación civil y un problema serio de autoestima porque estamos muy acomplejados. Se nos facilita maltratar porque hemos sido maltratados por gente que, a su vez, padeció lo mismo. Creemos que nuestra baja estatura se compensa cuando tenemos poder, y lo ejercemos tratando fatal a los subordinados, a quienes no se pueden defender, a quienes subestimamos o a nuestros hijos y bajo estas circunstancias, todos somos rehenes de nuestra borrachera de poder. Lo que sucede también es que deseamos causar un efecto inmediato y siempre es más fácil ofender, menospreciar o provocar miedo. De otra manera, es decir a la buena, habría que perder el tiempo cultivando una relación equilibrada con empatía o bonhomía, pero los efectos son más tardados. Por eso, una de las cosas que me han sorprendido más a últimas fechas, es lo cómodo que se sienten algunas personas insultando y amedrentando a quienes no piensan igual. 

Lo malo de todo esto es que la violencia crece, siempre, porque la adrenalina que genera es un químico adictivo al que el cerebro se acostumbra y cada vez pide más. Por otro lado, hoy tenemos todos los adjetivos y “fundamentos” que requieren las personas con grandes complejos para construir su propia narrativa de la violencia y justificarse para actuar. Por ejemplo, hace tres días estaba con una amiga alemana haciendo la cola de una panadería en el centro de la ciudad, cuando se nos acercó un joven con una bolsa de dulces, exigiéndonos que le compráramos, porque era nuestra obligación de “ricas” darle dinero a los pobres como él. Dijimos que no y se nos quedó viendo furioso a los ojos insultándonos por no ceder. También en TW me ha pasado, cuando comento en televisión o radio algo con lo que no estoy conforme y recibo comentarios como “si no te gusta lárgate a tu país” o algún insulto sexualmente violento por mi aspecto o por ser mujer. Por cierto, soy mexicana y no soy rica pero sí soy mujer y estudio muy bien cada detalle que voy a comentar al aire en cualquier medio de comunicación. Además, no estoy dispuesta a callar si hay algo que considero que está mal. 

Con todo esto quiero decir, que debemos cuidar nuestras palabras y la energía que de ellas emana porque, aunado a nuestro gran complejo mexicano, nos estamos acostumbrando a maltratar cada vez con más violencia. Los insultos vulgares y amenazas que recibe gente que admiro como la Dra. Laurie Ann Ximénez-Fyvie, quien ha sido un oasis de información certera en esta pandemia, Denisse Dresser, Pamela Cerdeira o Alma Delia Murillo entre muchas otras personas, nos afectan a todos. Por eso, hay que pensar qué futuro inmediato le deseamos a los nuestros, cómo esperamos ser tratados y, sobre todo, bajo qué formato de libertad deseamos vivir. Así como van las cosas, las palabras y las ganas de someter al otro, lo que nos espera como país es un pandemonio del que no podremos salir fácilmente y del que sólo podremos obtener más tristeza, más violencia y un mundo peor.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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