MIRANDO AL OTRO LADO

El silencio de los vencidos

He sostenido aquí y en otros textos que las elecciones intermedias tienen el potencial de cambiar la historia del país

Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

He sostenido aquí y en otros textos que las elecciones intermedias tienen el potencial de cambiar la historia del país. Me faltó agregar una salvedad: para bien o para mal. La elección intermedia de 1997 cambió el país para bien, pues inauguró la alternancia en el sistema político. La elección de 2021 aún está en evaluación, pero la balanza se inclina a que también cambió al país, pero para mal.

Veamos por qué.

Se tabularon los homicidios de candidatos, y se concluyó que fueron menos que en 2018. La mancha de sangre interfiriendo en las elecciones, apuntalada por la presencia de la mano del narcotráfico, aparentemente ha sido menor que en la elección anterior. Pero lo que no se cuantificó, porque no sucedió así en 2018, fue la cantidad de candidatos-mujeres y hombres por igual-que fueron obligados a renunciar a sus candidaturas, para dejar el camino abierto a la “candidatura favorita”, o se les exigió dejar de hacer campaña para que pasara la candidatura “elegida” previamente por una mano oscura.

Lo que van saliendo, día con día, son datos y relatos sobre los antecedentes al día de la elección. Hubo mucha violencia abierta e intimidación soterrada que no se vio porque los indiciados fueron advertidos por el crimen organizado: “si denuncias públicamente lo que has hecho, lo pagarás tú y tu familia. Tú decides”. Obviamente los candidatos optan por la vida y el silencio. Al mismo tiempo, los candidatos favorecidos por este sistema de terror son parte de una gran red de complicidades y acuerdos de largo plazo, pues sus eventuales victorias serían el producto del miedo impuesto por la pública falta de apoyo de las fuerzas federales a los ciudadanos amenazados por comandos del crimen.

El proceso de prueba y error organizativo previo al día de la elección sirvió para probar la eficacia del sistema de imposición electoral. Había que conocer la eficacia del terror y la intimidación, tanto hacia candidatos como hacia la población en general. Hacia los candidatos la intención era lograr su desistimiento y silencio antes y después de la elección. Y hacia la población en general, la intención era lograr la “supresión” de su voto: es decir, la abstención activa de porciones de ciudadanos con inclinación a votar contra el oficialismo.

Para fortalecer el esfuerzo, era indispensable coordinar y combinar dialécticamente los conocimientos y habilidades de los Siervos de la Nación junto con las capacidades de aterrorizar y supresión por parte de los comandos del narcotráfico. Es sabido que el narco había influido en elecciones municipales en años anteriores.

Y algunos gobernadores también habían llegado a acuerdos con organizaciones criminales para “pacificar” zonas de sus estados. Pero nunca se había visto un operativo de Estado, a nivel nacional, donde funcionarios públicos federales y comandos del crimen organizado se coordinaran para definir dónde y cómo intervenir en distritos y estados específicos, con un mapeo compartido, para repartirse el país en las zonas de influencias de los unos y los otros.

Para el día de la elección había una consigna definida para los Siervos y los comandos del crimen organizado: era necesario imponer al partido oficial en las zonas de trasiego de la droga (ese era el corazón del acuerdo), pero había que lograr ese objetivo con discreción y en paz. Y para que fuera en paz, había que intimidar adecuada- y suficientemente a la población afectada para que no reclamara.

Al mismo tiempo, no podía ser demasiado obvio: había que operar en casillas selectivamente, según el mapeo previo, para dificultar su detección. Había zonas donde estaba prohibido operar así, como la zona metropolitana de la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Mérida. En todas aquellas regiones donde la opinión pública es muy activa, fue prohibida la operación de este combo. Y en esos lugares, el oficialismo perdió las elecciones.

Las grandes sorpresas electorales de Morena (Sonora, Sinaloa, Colima, Nayarit, San Luis Potosí, Michoacán, Guerrero, Campeche) se dan en el contexto de un activismo electoral de Siervos y comandos del narcotráfico.

Día con día están saliendo a relucir datos, relatos e informes sobre la operación de este combo de operadores electorales del Estado mexicano. Detrás de su éxito, porque la operación fue extraordinariamente exitosa en los territorios donde operó, está el mensaje fundamental: que sepa toda la población mexicana que las fuerzas de seguridad del Estado no te van a defender de las agresiones del crimen. Estas solo. Defiéndete como puedas o entrégate a ellos. Pero, por encima de todo, quédate callado y no protestes.

Este es el mensaje que recibieron los candidatos que no fueron asesinados, pero que saben que no son del agrado del régimen.

Entonces vino la operación postelectoral. La parte central de esa operación consiste en advertirles a los candidatos vencidos que permanezcan callados, silenciados y que no impugnen sus respectivas elecciones, so pena de sufrir represalias del crimen organizado o por parte del Estado, como acciones judiciales, reales o inventadas, qué más da. Insólitamente, los mensajes del “estáte quieto” vienen directamente de dirigentes de Morena y del crimen organizado, por igual y coordinados.

El estado de sumisión y terror que se vive en grandes franjas del territorio nacional se debe a este andamiaje de miedo e imposición que se ha creado y avalado desde las más altas esferas de la República. Los vencidos se han quedado silenciados.

¿Ese silencio de los vencidos vislumbra nuestro futuro como sociedad?

POR RICARDO PASCOE PIERCE
RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM
@RPASCOEP

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