DE LEYENDA

Más que palabras

Hace no muchos años era impensable que nuestros vecinos del norte encabezaran la zona. Nos llamábamos a nosotros mismos “El Gigante de Concacaf”

OPINIÓN

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Gustavo Meouchi / De Leyenda / Opinión El Heraldo de México

Lo hemos comentado en este espacio: los partidos de la Selección traen mucha ilusión, emoción y, cuando las cosas no salen bien, incomodidad, enojo y hasta violencia.

El martes pasado, el Tri perdió 2-1 contra la selección de Canadá, y con ello, se colocó en tercer lugar de la clasificatoria mundialista de la región. Esa posición en la tabla también se debe a la derrota del viernes anterior frente a los Estados Unidos.

Hace no muchos años era impensable que nuestros vecinos del norte
encabezaran la zona. Nos llamábamos a nosotros mismos “El Gigante de Concacaf” y manteníamos un liderato que nos consolaba de otras realidades regionales complicadas como las económicas y las políticas.

Creo que mucho de eso tiene que ver con la afición. El futbol es nuestro deporte, uno que no tenía muchos seguidores en Estados Unidos ni Canadá, distraídos como estaban en el americano, el beisbol, el basquetbol y el hockey. La afición local permite que el sistema se desarrolle, que se inviertan recursos en él, y también nos da identidad, filosofía y compromiso. Nuestros niños sueñan con ser futbolistas profesionales y dedican a ello sus esfuerzos.

Creo que aún ahora la potencia de nuestra afición es muy superior a la de los vecinos, pero ellos han trabajado en sus incipientes ligas locales y han cambiado las cosas en estos años hasta lograr el nuevo panorama. Queda preguntarse qué hemos hecho nosotros.

Hay algo que no ha cambiado: el reparto de culpas. Hace 20 años, cuando el Tri fallaba, pedíamos la cabeza del entrenador y la salida de tal o cual jugador. Ya desde entonces nos debatíamos entre las opciones de buscar un proyecto a largo plazo que se consolidara pese a los resultados negativos inmediatos, se argumentaba, como hasta ahora, tomando ejemplos europeos, principalmente alemanes e italianos.

Estaba la otra corriente. ¿Cuántas veces una derrota, o varias de ellas, ha terminado el contrato de un seleccionador nacional? Como en una paradoja muy cruel, en contra de ese sistema que algunos llaman “resultadista” siempre han jugado los propios resultados. Así, llevamos cuarenta años despidiendo técnico, tras técnico con mayor o menor margen de oportunidad y no solo no hemos podido remontar nuestra posición en la tabla global, sino que incluso parece que
hemos perdido algunos lugares importantes.

Parecería entonces que nos enfrentamos a la misma historia de siempre, a esa que estamos acostumbrados si las cosas no estuvieran tomando un matiz diferente: la violencia.

Hace un par de días circuló la noticia de que Luis Alfonso Chaka Rodríguez Alanís y su familia habían recibido amenazas de agresión y muerte. No es el primer incidente en que un jugador recibe mensajes de esa naturaleza y cada vez es más común encontrar en las redes sociales insultos y comentarios agresivos.

Creo que es hora de que como afición nos detengamos a analizar este asunto. El enojo y la frustración me parecen normales, yo le he gritado un insulto a un jugador, a través de la pantalla cuando pierde un pase o falla un gol. Dicho eso no entiendo cómo se justifica que amenaces a una mujer con su celular personal con hacerle daño a ella y a sus hijos, porque no te gusta el trabajo de su esposo. ¿En serio que estamos llegando a eso? ¿En serio las palabras que externamos ya no tienen valor para nosotros y por eso las soltamos como si no fueran nada, como si fuera normal? ¿Es en serio que la idea de matar a alguien, aunque sea hipotéticamente, ya no nos horroriza ni nos asusta? ¿Estamos seguros de que esas amenazas se quedaran en un mensaje a un teléfono y que la siguiente barrera, la de los hechos, no debe preocuparnos?

Amo apoyar a la selección, me duele de verdad verla perder, creo que como afición sí nos corresponde presionar para obtener cambios, para ser más competitivos, para que el sistema mejore y podamos superar nuestros problemas.
Pero sobre todo pienso que sí tenemos una responsabilidad para hacer un entorno más seguro, más constructivo y más deportivo para todos nosotros, sí nos corresponde hacer nuestra parte para sacar la violencia de la ecuación, por favor, hagámoslo.

 

POR GUSTAVO MEOUCHI
COLABORADOR
@GUS23258924