Estado capturado

Y el resultado era una enorme desigualdad social, con privilegios para unos pocos que se enriquecieron con esa captura, haciendo suyo lo que era de todos

Estado capturado
Circe Camacho/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

En México, el Estado fue capturado. 

Y el resultado era una enorme desigualdad social, con privilegios para unos pocos que se enriquecieron con esa captura, haciendo suyo lo que era de todos. 

El término captura del Estado –acuñado por los economistas Joel Hellman y Daniel Kaufmann a finales del siglo XX– define cómo estas élites lograron interferir en la toma de decisiones públicas, para obtener beneficios particulares y siempre a costa del bien común. 

Su actuar no siempre está fuera de la ley –aunque no tienen reparo alguno en recurrir a prácticas ilegales, como la corrupción–, pues saben aprovechar fallas en las propias instituciones del Estado para cumplir sus propósitos, lo que complica identificarlos y evitarlos. 

  La captura del Estado implica interferir en políticas públicas y procesos legislativos, como se hizo en 2013 para la aprobación de la Reforma Energética con sobornos de Obredecht o en 2005, para rechazar un gravamen al cigarro, pese a denuncias públicas de sobornos de dos trasnacionales a legisladores, por citar un par de ejemplos de un muy amplio catálogo. 

  Estas élites económicas también impiden la acción de la justicia, ya sea con sobornos a jueces o con litigios eternos que escarban en la legislación mexicana, en busca de alguna sombra que les permita evadir sus responsabilidades y obligaciones. 

En nuestro país no era extraño que las grandes empresas recurrieran a los tribunales para evitar hasta el pago de impuestos; práctica ya identificada, lo que permitió aumentar 0.7 la recaudación fiscal durante 2020, pese a la pandemia y sin aumentar impuestos, todo gracias a que se duplicó la recaudación de los grandes contribuyentes

 Otra práctica común en la captura del Estado es la privatización de los servicios públicos. 

En México, la ruta era desmantelar y quebrar financieramente la institución encargada del servicio público en cuestión, para luego rematarla a modo. 

Eso pasó incluso con las empresas de fertilizantes y semillas, y hoy siete de cada 10 hectáreas de cultivo con riego están en manos de uno por ciento de dueños de tierras. Solo otro ejemplo de tantos. 

Desafortunadamente, esta captura del Estado es un fenómeno mundial. 

 Y el resultado es una enorme desigualdad social, 26 personas acumulan la misma cantidad de riqueza que 3 mil 800 millones de personas. 

 Más allá del acceso a objetos de consumo, esta desigualdad representa más y mejor vida, en naciones ricas la esperanza de vida es mayor por 30 años a la que se tiene en naciones pobres. 

  Hoy, el mundo enfrenta un reto social y económico sin precedentes, revelando décadas de desigualdad social. 

En México ya hemos dado los primeros pasos para transformar la sociedad, pero un verdadero cambio exige reconocer que el Estado fue capturado, para que todas y todos luchemos por liberarlo

 

POR CIRCE CAMACHO
COORDINADORA DEL PARTIDO DEL TRABAJO, EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO 
@CAMACHOCIRCE 

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