Cristal: la otra epidemia

Pensaba en Malcom Lowry y sus abísmales caídas al caminar en las barrancas del mezcal. Hoy, estoy convencido que hay un camino muy corto al infierno: el cristal

Cristal: la otra epidemia
Flavio Sosa / Columna Invitada/ Opinión El Heraldo de México

"¿Cuántas veces un hombre puede voltear la cabeza
pretendiendo que él no ve? La respuesta, mi amigo,
está soplando en el viento, la respuesta
está soplando en el viento...”  

Bob Dylan 

Hace años escribí que le entrada al infierno se encuentra en alguna barranca de Oaxaca.  

Pensaba en mi abuelo Fidel, que era arriero, quien conocía y se sabía de memoria los nombres de las barrancas, piedras y parajes de todos los valles centrales de Oaxaca, y en la cueva que, según me contó, conduce al Mictlán

Pensaba en Malcom Lowry y sus abísmales caídas al caminar en las barrancas del mezcal. Hoy, estoy convencido que hay un camino muy corto al infierno: el cristal.  

Asunción tiene 31 años. Me cuenta risueña: “preparar piedra es muy fácil, cortas una lata de Tecate, le haces un orificio en forma de cuadro, por ese orificio le metes una vela ardiendo, sobre la lata colocas cocaína, bicarbonato, sal de grano y le echas unas gotas de agua, si no tienes gotero con una servilleta, la vas moviendo con un lápiz o con un palito la cocinas hasta que se haga piedra.” 

La piedra era la droga más común entre los jóvenes oaxaqueños antes de que llegara la nueva plaga. El cristal es una metanfetamina que hoy se distribuye en bares, antros, calles y escuelas de toda Oaxaca. En los Estados Unidos y en la frontera se le llama Ice o Speed y en los valles centrales de Oaxaca los jóvenes bromean:  

—¡Qué onda! Nos vamos a predicar la palabra del Señor— suelta la carcajada el Romio. 

—¿Qué es?— pregunto con cara de pendejo.  

—Es Cristo— me dice carcajeando el Pichón, un albañil de 26 años.  

Vuelvo a preguntar, intrigado: “¿De qué hablan?”  

—Es el cristal, güey— me contesta la Denisse, novia del “Pichón” y que estudia contabilidad en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.  

He podido constatar que el cristal ya está en las 8 regiones de Oaxaca. Circula profusamente, y sin problema, lo mismo en la Sierra Sur que en el Istmo de Tehuantepec y en los valles centrales.  

El consumo del cristal comenzó a cobrar importancia a partir de 2008, en medio de la presunta “guerra contra el narco”. Las metanfetaminas ya le quitaron el terreno a la marihuana como la droga de consumo entre los jóvenes. El promedio de pacientes que llegó a los Centros Integradores Juveniles a pedir tratamiento por metanfetamina en 2019 es de 24.1%. Hace 5 años era de 10.7%.  

Oaxaca se ha convertido en uno de los focos rojos de consumo de cristal en México. 45% de los pacientes de primer ingreso a centros de rehabilitación en el estado es por metanfetaminas. Según cifras oficiales, 75% inicia su consumo entre los 10 y 25 años. 

Estamos en una curva creciente. Y no hay en el horizonte ninguna política, acción o indicio de que en los tres niveles de gobierno se vaya a atacar de manera frontal un problema que está envenenando a la juventud oaxaqueña.  

Los gobiernos no la nombran. Tal vez pensarán que así podrán negar su influencia y sus brutales impactos entre la juventud y en la sociedad. “Es una droga muy chingona, muy barata”, me dice la Denisse. “Te pones súper intenso y bien chingón, la pinche ardilla te gira al 100”.  

Lo que no sabe Denisse es que el cristal te seca el cerebro. 

POR FLAVIO SOSA
DIRIGENTE DE LA ORGANIZACIÓN COMUNA


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