COLUMNA INVITADA

Representante Permanente de México ante Unesco

No fue hasta 2003 cuando la Organización abordó la salvaguarda del patrimonio inmaterial abriendo un nuevo horizonte a uno de los legados más importantes de la humanidad

OPINIÓN

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Juan José Brener/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

La defensa del patrimonio mundial es uno de los campos donde mejores resultados ha cosechado la Unesco gracias al establecimiento desde 1972 de procedimientos claros para la inscripción y conservación de los sitios más destacados que lo integran. México ocupa el primer lugar en el continente americano y séptimo en el mundo por el número de registros.

No fue hasta 2003 cuando la Organización abordó la salvaguarda del patrimonio inmaterial abriendo un nuevo horizonte a uno de los legados más importantes de la humanidad, fruto de la vida cotidiana, que de no ser protegido corre el riesgo de desaparecer: la transmisión de conocimientos, costumbres y manifestaciones artísticas a través del tiempo. Esta ha constituido la columna vertebral de la identidad cultural de numerosos países. Nuestro país se destaca aquí también con el mayor número de elementos inscritos de nuestro continente.

La tarea de preservación del patrimonio inmaterial se enfrenta a desafíos opuestos que van desde la marginación social y económica de las comunidades indígenas hasta las nuevas formas de apropiación cultural por parte de empresas de comunicación, industrias y casas de moda que se nutren de sus expresiones culturales, sin ofrecerles retribución por sus legítimos derechos colectivos.

Las acciones emprendidas por la Secretaría de Cultura invitando a diseñadores de moda a tomar en cuenta los derechos de los saberes tradicionales de las comunidades indígenas y exhortándolos a colaborar con ellos para que las comunidades reciban beneficios de su talento creativo representa un nuevo paso en la dirección correcta.

Este es un tema que he tenido presente desde que, como subsecretario de Cultura en 1982, contribuí a la reforma del marco normativo del Premio Nacional de Ciencias y Artes con el objetivo de reconocer no solamente a artistas y creadores destacados en lo individual sino, además, a las comunidades originarias. Fue en este espíritu que en 1984 por primera vez se otorgó el Premio Nacional de las Artes y de la Tradiciones Populares a los artesanos de Santa Clara del Cobre, del Estado de Michoacán.

Si bien el mandato de las convenciones culturales de la Unesco no aborda el tema de la propiedad intelectual de manera específica, la Organización puede desempeñar un papel activo pronunciándose en defensa de los derechos colectivos en la cultura. Este sería un buen empleo de su bien ganada autoridad moral para fijar límites éticos y encaminar hacia soluciones más justas para las comunidades originarias de todo el mundo.

No se trata de abordar la indispensable defensa de las expresiones culturales con un criterio miope o restrictivo que impida su difusión por las tendencias de la globalización económica y por las nuevas tecnologías de la comunicación. Por el contrario, el objetivo es alentar fórmulas adecuadas en las que se reconozca la propiedad intelectual original y se generen los beneficios económicos que en toda justicia les corresponden.

La Unesco puede sumar a sus logros un acto más de salvaguarda del patrimonio inmaterial de la humanidad protegiendo el inapreciable legado de las personas más vulnerables.

 

POR JUAN JOSÉ BRENER
@JUANJOSEBREMER