Trump: Ganar a como dé lugar

Parecer "victorioso" es importante para él, tanto, que durante años condicionó las entrevistas por radio o televisión

Trump: Ganar a como dé lugar
José Carreño Figueras/ Desde Afuera/ Opinión El Heraldo de México

A lo largo de los últimos años, Donald Trump desplegó desde la Presidencia el mismo combativo y aparatoso estilo que lo hizo famoso como empresario de bienes raíces en Nueva York. 

Y a nadie que lo conozca le extraña que esté determinado a usar todos los recursos a su disposición para preservar su imagen de "ganador", a costa de lo que sea y de quien sea.

Según sus biógrafos, Trump tuvo un padre que no aceptaba el fracaso y cuando llegó a Manhattan, el corazón de Nueva York, lo hizo al amparo de Roy Cohn, un abogado que tenía tres reglas simples: ganar a como dé lugar, atacar y nunca dejar de contraatacar, y siempre proclamar victoria, sin importar que tan abajo se estuviera.

Si esas fórmulas recuerdan lo que hoy ocurre no debe extrañar. Han sido un "mantra" en la vida de Trump, que las ha usado hasta la exageración.

Durante esos años, y probablemente aún lo hagan sus empresas, Trump estuvo involucrado en más de cuatro mil demandas ante los tribunales de Nueva York. En algunas de ellas, sus abogados simplemente trataban de prolongar los procedimientos lo suficiente como para hacerlos demasiado costosos para demandantes con menos recursos.

En otros casos, aprovechó todas las artimañas legales o contables posibles para evadir impuestos o justificar el pago de menos gabelas. Pero ese es un tema que ahora está bajo investigación en Nueva York

Parecer un "ganador" ha sido importante para él, tanto que durante años condicionó las entrevistas por radio o televisión a ser presentado como el "multimillonario" Donald Trump y demandó, o amenazó con demandar, a la revista Forbes por afirmar que su fortuna era significativamente menor que los 10 mil millones de dólares que reclamaba.

Pero uno de los juicios en Nueva York puede hacer pública la realidad de sus finanzas.

Su imagen es tan importante que hace algunos años, cuando la revista especializada Golf Digest hizo un reportaje sobre su entonces nuevo campo de golf en Aberdeen (Escocia), el propio Trump recibió al escritor y lo acompañó para hacer el recorrido, en una ronda que bien podría haber sido descrita como el equivalente de una cascarita.

Pero cuando un elogioso texto apareció, Trump reclamó al escritor y a la revista porque no incluyó que él, Trump, había ganado el juego. Para Trump, era prueba de una actitud adversarial; para el periodista, David Owen, era más bien prueba de que Trump actúa "como un mal perdedor hasta cuando gana".

Con ese historial ¿puede sorprender que el presidente Trump se niegue a aceptar la derrota? ¿O que parezca dispuesto a una estrategia de tierra quemada para dejar a su sucesor en las peores condiciones posibles?

El reconocimiento de derrota es una tradición política en EU, pero aunque Trump haya logrado la Presidencia hace cuatro años, no es un político de carrera y nunca se ha distinguido por seguir convencionalismos, a menos que le convenga. A cambio es sin duda un luchador. Como Atila.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1


Compartir