Nuevo Orden

Una película ajena a la coyuntura política o histórica –se sitúa en un futuro muy próximo: es en efecto una obra distópica–, pero de una inquietante actualidad.

Nuevo Orden
Julio Patán/ Malos modos/ Opinión El Heraldo de México

Cosas que no es Nuevo orden, la nueva película de Michel Franco: una película clasista, una película racista, una película fascista. Perdonarán que empiece con estas contradefiniciones o definiciones negativas, pero es que a Nuevo orden ya le cayó una plaga contemporánea: la del buenismo –esa forma taimada de regalarse unos shots de superioridad moral–, que ya sabemos que tiende a prodigar esas etiquetas a todo lo que problematice una idea simplota, en blanco y negro, del mundo y sus desventuras.

Intentaré diluir los spoilers tanto como sea posible. Una boda de gente con mucha lana es interrumpida por un grupo de personas de condición claramente mucho más pobre, que se entrega a un paroxismo de asesinatos, saqueo y destrucción. Lo que pasa en esa casa, entendemos pronto, pasa en todas partes: estamos ante una rebelión, un amotinamiento masivo, que será apagado por el ejército, dueño desde ahí de un poder sin cortapisas, con las implicaciones que eso tiene en violencia, en corrupción, en pérdida de libertades.

Sobre ese punto de partida, Michel Franco hace una película con una cantidad envidiable de capas de lectura. Es, de entrada, en las antípodas de la lectura bienpensante, no una película clasista sino una película sobre el clasismo, y una película tremendamente verosímil cuando retrata el clasismo. ¿De veras no lo vieron? La nefastez –la prepotencia, la frialdad– de varios de los personajes que protagonizan las secuencias iniciales es terrible por eso: por creíble, por familiar. Y es que el guion es notable: lleno de naturalidad –una virtud rara en nuestro cine–, sugerente, económico pero sustancioso.

También es una película horrorizada con la vía militar. De nuevo: ¿no lo notaron? No hay nada menos fascista que Nuevo orden. Nada menos épico, menos cuartelario. Y nada menos racista. Que estemos ante una historia de “blancos buenos y morenos malos” es, llanamente, una falsedad. De hecho, estamos ante una obra con personajes no monolíticos: personajes que, al margen de su condición social, cambian; personajes matizados, como ejemplifican bien los de Lisa Owen y Diego Boneta –integrantes del sector altoburgués, estupendos ambos–, que se muestran tan odiosos como vulnerables según el momento en que los sorprendas. Personajes, pues, complejos, como tienen que serlo para que esta obra cuaje como lo que decididamente sí es: una mirada al rencor, la violencia sin freno (la violencia nihilista) y el autoritarismo. Es decir, una película ajena a la coyuntura política o histórica –se sitúa en un futuro muy próximo: es en efecto una obra distópica–, pero de una inquietante actualidad.

Nuevo orden ha logrado meter mucha gente a los cines. No se engañen: no es la polémica, que por supuesto ayuda. No es el tráiler. Es que hay películas que se ayudan solas.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


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