¡El que tenga oídos para oír que oiga!

Parecería una utopía poder lograr un verdadero diálogo en política, un diálogo que dé espacio a los distintos puntos de vista

¡El que tenga oídos para oír que oiga!
Paz Fernández Cueto | Colaboradora | Opinión El Heraldo de México

En medio de las polarizaciones que vivimos, cuando las tendencias del mundo actual son contrarias a la fraternidad humana, no podía ser más oportuna la nueva Encíclica del Papa Francisco Fratelli Tutti hablando de Fraternidad Universal. A pesar de que en la Pandemia “se han manifestado de manera extraordinaria las energías de la persona humana para el bien en tantos comportamientos solidarios y heroicos” (n. 54), prevalecen en muchas partes las sombras de un mundo de nacionalismos cerrados, de polarización, de individualismo, de rechazo a los migrantes, de conflictos y guerras.

Está dirigida a todos: a los políticos de un partido y a los del contrario, a los que piensan como nosotros y a los que no, a los que profesan la misma fe o a los que no profesan ninguna. Son principios de validez universal que norman la convivencia, partiendo de un concepto de igualdad en el que todos somos hermanos. “La verdadera calidad de los distintos países del mundo se mide por esta capacidad de pensar no solo como país, sino también como familia humana” (n. 159).

A propósito, en el capítulo V “La mejor política”, es muy fuerte la crítica que hace del populismo y del liberalismo actual, señalando que “El desprecio a los débiles puede esconderse en formas populistas que utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos.” (n. 155), dejando bien claro que el carisma de un líder popular “deriva en insano populismo cuando se convierte en habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”, o bien “cuando se busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas u egoístas de algunos sectores de la población” (n. 159).

A pesar de la mala fama que tiene la política en muchos países, el Papa insiste en su nobleza recordándonos que “es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (n. 180).

Parecería una utopía poder lograr un verdadero diálogo en política, un diálogo que dé espacio a los distintos puntos de vista; un diálogo respetuoso y humilde que busque sinceramente la verdad, no la conveniencia del momento.

Siempre hay espacio para el diálogo cuando hay respeto a los valores morales en los que se funda la naturaleza humana, advierte Francisco.

En el Capítulo VII “Caminos de reencuentro”, toca fibras sensibles a propósito de la memoria histórica, la reconciliación y el perdón. Para hacer justicia y restañar las heridas del pasado, hace falta un trabajo artesanal, paciente…, que no busque venganza…, que reconozca la verdad (n. 226). Perdonar no es dejar pasar ni olvidarse de los horrores del pasado. Es no dejarse dominar por el mal, es renunciar a la venganza, es mirar hacia adelante sabiendo que el perdón no solamente es libre, -se puede perdonar aunque no nos pidan perdón- sino que además, el perdón libera.

Para terminar, en el Capítulo VIII, trata el interesante tema de las religiones que deben estar “al servicio de la fraternidad del mundo”, alentando a los creyentes a llegar al un entendimiento que no es sincretismo (n. 228). Es indispensable que se respete la libertad religiosa, las creencias y convicciones, siempre y cuando colaboren al bien común.

A propósito de la realidad que estamos viviendo en nuestro país, valdría la pena tomar en cuenta estas consideraciones del Pontífice para fomentar la comprensión y no la polarización, el perdón y no la venganza, la conciliación y no la confrontación, en miras a una vida más fraterna entre todos: el que tenga oídos para oír, que oiga.

POR PAZ FERNÁNDEZ CUETO
PAZ@FERNANDEZCUETO.COM
 


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