QUE NADIE NOS OLVIDE

A Lulú la asesinaron y arrojaron a un desagüe, dejó 4 huérfanos y las autoridades pidieron dinero para investigar

Lulú tenía 25 años, era mesera, madre de cuatro niños y el único sustento de su casa. Ahora su madre, con el 30 por ciento de su visión, debe cuidar a sus hijos y luchar por justicia para la joven

NACIONAL

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Feminicidio de María de Lourdes Martínez Sánchez | Ixtapaluca, Estado de México

Jonathan, Liliana, Ángel Jesús y Luisito juegan con lo que pueden y sonríen aunque desde hace dos años, su madre ya no está con ellos y jamás volverá. Tienen nueve, seis, cuatro y tres años, viven juntos en una casa sin agua ni drenaje, en Ixtapaluca, al oriente del Estado de México.

Una pequeña casa en obra negra se levanta en una barranca, con un camino de tierra al que, los que viven ahí, se aferran por llamar calle. Entre el polvo de los días secos y un fango que se corre hasta las rodillas con la lluvia es como los cuatro huérfanos siguen sus días sin saber la verdadera causa por la que María de Lourdes Martínez Sánchez, su madre, jamás volverá a mirarlos. 

Lulú tenía 25 años, su vida no era más que un constante trabajar, “tenía muchas bocas que alimentar”, ella era el único sustento de la casa; ¿tiempo libre?, no sabía qué era eso, cuando podía iba con sus hijos por un helado y compraban una película para verla todos en casa.

Escucha la historia de Lulú

A Lulú no le gustaba su nombre, por ello en redes sociales constantemente se lo cambiaba, cuenta la señora Ana Martínez, “ay qué feo nombre me pusiste mamá”, era el reclamo que le hacía. Fue madre muy joven, tuvo dos matrimonios, pero en ninguno le fue bien y no le quedó más que asumir completa la responsabilidad de sus hijos. 

Al momento de su muerte trabajaba como mesera, pero como su madre lo dice “tuvo infinidad de trabajos”, en Uber Eats, Rappi, vendió congeladas Bon Ice, pero en el que más duró fue justo en el de servir mesas en una lonchería cercana al Metro Zaragoza, ahí llevaba hasta los comensales caldos de gallina. 

Había días buenos y otros no tanto, era en los segundos que debía recordar las palabras de su madre: “tienes muchos hijos” y entonces doblar turno por la noche o incluso la madrugada para ganar un poco más de dinero.

Doblar turnos

“Voy a doblar turno” era una de las frases que Lulú más utilizaba, para nadie era extraño que lo hiciera y el 5 de febrero de 2020 no fue una excepción. Justo ese día su teléfono celular había caído al agua, de inmediato trató de hacerlo funcionar, pero no resultó, el aparato estaba dañado.

La hora de ir al trabajo había llegado y a pesar del estado de su teléfono, Lulú lo tomó y se fue. Esa tarde la señora Ana recibió un mensaje de su hija, en él le decía que el aparato ya había prendido, horas más tarde una llamada de un número desconocido, era la joven mesera confirmando que ya no servía su móvil, fue la última vez que se escuchó su voz. 

Feminicidios en México 2021

En esa llamada, además de preguntar por sus hijos, Lulú le mencionó a su madre que las cosas en su trabajo estaban “muy flojas”, la señora Ana le dijo que no se desesperara, pero que no se quedara a hacer otro turno, que regresara a casa… las cosas iban a mejorar. 

Cayó la noche y sin comunicación, lo primero que pasó por la cabeza de quien hoy cuida a sus cuatro nietos fue que su hija se había quedado a trabajar otro turno, pues se necesitaba dinero para celebrar el bautizo del más pequeño de la familia que en ese tiempo tenía apenas 10 meses. 

Las horas pasaron, llegó el 6 de febrero y no apareció, la señora Ana y sus hijos comenzaron la búsqueda por redes sociales, la hermana de Lulú revisó sus perfiles para descubrir si ahí había publicado algo, pero nada, así que a través de Facebook alertó a sus amigos y conocidos que no se sabía nada de la joven mesera de 25 años, que si podían ayudar a buscarla. 

¡Mamá!

El sueño venció a la señora Ana, durmió un rato por la madrugada y relata que alrededor de las 3 de la mañana ya del 7 de febrero, un grito en su oído la despertó, comenta con certeza que era la voz de su hija, de Lulú, de la madre de cuatro niños, fue ella la que fue a gritarle ¡mamá!

De entre los mensajes que la familia recibió por la alerta de desaparición estuvo el de uno de los amigos de Lulú, quien se ofreció a anunciar su desaparición en el sistema de radio que utiliza en su trabajo, mismo que está conectado con la policía y los Ministerios Públicos; la señora Ana buscaba papeles y se preparaba para ir a levantar la denuncia. 

Mientras la madre de Lulú viajaba por las calles de Ixtapaluca, en la carretera libre a Puebla, para llegar hasta el Ministerio Público y denunciar la desaparición de su hija, vio patrullas, ambulancias y hasta una televisora a un costado del canal del desagüe que corre paralelo a esa carretera, no le tomó atención y siguió su camino. 

Al poco tiempo, el amigo anunció que habían hallado el cuerpo de una mujer en las aguas sucias de ese canal, la movilización que vio la madre de Lulú era por su hija, ahí estaba flotando entre basura, a 10 minutos de su domicilio. 

Al salir de casa, la abuela prometió a sus nietos ir a buscar a su mamá y volver con ella, lo cumplió, regresó a casa con María de Lourdes, pero ella yacía en un ataúd. 
 

¡Dios, dame su salud!

Hace 5 años la salud de la señora Ana Martínez comenzó a verse seriamente afectada, por ello Lulú fue el único sustento de la casa; diabetes, hipertensión, artritis y la visión al 30 por ciento, así es como una abuela mantiene a su propia hija de 11 años y a sus cuatro nietos, un total de seis bocas que alimentar. 

Vende “chacharas” a través de páginas de Facebook en las colonias vecinas, cuando puede hace curados de pulque y los vende en el mercadito que está cerca a su casa, tiene una pequeña tienda en la que ofrece sopas de pasta, jitomate, papas y otros productos de primera necesidad, mismos que en su mayoría usa para consumo propio. 

“Con que yo tenga jitomate y papas, ya tengo para que coman mis hijos”, relata. 

Mientras la señora Ana, sus hijos y sus nietos enterraban a Lulú, ella le pedía a Dios que le diera la salud de su hija para poder hacerse cargo de todos los niños que ahora estaban huérfanos y de su propia hija menor. 

Las autoridades y la pandemia 

Cuando se halló el cuerpo de Lulú las autoridades clasificaron en un principio la muerte de la madre de Jonathan, Liliana, Ángel Jesús y Luisito como un suicidio. 

El cuerpo de la joven perdió la evidencia al ser arrojado al canal; sin embargo, se logró la reclasificación como feminicidio, pero no más, las cosas son lentas con el pretexto de la pandemia por covid-19 y para conocer avances la señora Ana debe trasladarse desde Ixtapaluca hasta Tlalnepantla, en el Estado de México, situación que con con cinco niños y sin recursos se complica, se debe decidir entre comer ese día o usar el dinero en pasajes para ir a la Fiscalía… la respuesta es obvia.

Las otras víctimas: los huérfanos

Doña Ana recibe apoyo de su hijo cuando puede, él es albañil y no tiene trabajo constante, los programas sociales no llegan hasta estos huérfanos, no reciben ninguno, no tienen televisión, para ellos las clases en línea se han vuelto un reto, cuando pueden le ponen saldo al celular para poder estar al tanto de lo que pasa en la educación a distancia. 

Los funcionarios que llevan el caso de su hija le han pedido dinero, “el primer investigador era un corrupto, me pidió dinero, le dio carpetazo y me dijo que ellos comían, que necesitaban gasolina…”

Con miopía, astigmatismo, estrabismo en un ojo y complicaciones visuales por la diabetes que le han dejado el 30 por ciento de su visión es como doña Ana, quiere justicia por el feminicidio de su hija, que las autoridades llamen a declarar a quien sea necesario (hasta el momento la expareja de Lulú no ha sido citado). 

Por las cámaras del negocio en el que Lourdes se empleaba se sabe que un hombre llegó al local, ella le sirvió de comer, comieron juntos y después salieron y abordaron un vehículo, pero hasta el momento no se sabe nada más. 

Las autoridades continúan omisas ante la muerte de María de Lourdes e indiferentes ante el futuro de cuatro niños que no saben que su madre les fue arrebatada por feminicidio, que juegan con juguetes que les son donados, que comen gracias a los esfuerzos de su abuela, ellos esperan justicia y que la sociedad no los olvide. 

María de Lourdes Martínez Sánchez

Por: Paola Sánchez Castro

Edición: María José Serrano Carbajal 

Diseño: Ana Navarro e Ingrid Almaraz

Conoce casos de feminicidio en el podcast Que Nadie Nos Olvide