Andrés Roemer conversa con Moshe Safdie

La obra de esta personalidad trasciende la vida misma para ser parte de la eternidad…

Andrés Roemer conversa con Moshe Safdie
ARQUITECTO. Moishe Safdie. Foto: Cortesía

Un artista, un pensador, una persona íntegra y humana. Un “mensch” (término yiddish que se podría traducir a “buena persona”, entendiendo que esa frase se queda corta). Es uno de los arquitectos contemporáneos más brillantes y creativos. Él, como pocos, comprende la relación entre la jungla y el urbanismo.

Moshe, ¿quién eres? ¿Qué has hecho? ¿Cómo es que surgió tu interés en arquitectura y diseño? 

He estado involucrado en la arquitectura por más de 50 años. Nací en Israel y me mudé a Canadá para estudiar, y actualmente vivo en Boston y doy clases en Harvard, así que ha sido una experiencia internacional. He trabajado en todo el mundo y ha sido una obra de mucha diversidad: aeropuertos, casas-habitación, museos, bibliotecas, edificios, entre otros; y al mismo tiempo muy local, siempre tomando en cuenta la cultura local. 

Hablando de la cultura y su influencia. Con la amenaza de la globalización, ¿cómo lograr que la arquitectura refleje la cultura, el estilo de vida, el clima? 

Para la arquitectura, el poder de la globalización ha tenido un impacto negativo, en cualquier ciudad ves lo mismo. Para mí un reto es reconocer lo particular de cada lugar, incluso si consideramos algo tan simple como un edificio de oficinas en el Trópico; debe ser como un árbol lleno de hojas y sombra. Y si ponemos atención, podemos verlo en la naturaleza; las plantas del desierto contra las plantas tropicales, o cómo los árboles se deshojan en el invierno. Así es como debe ser la arquitectura en cuestiones de clima, pero también de cultura, de cómo viven las personas y la calidad de vida que es muy diferente en cada lugar. 

YAD VASHEM. Museo del Holocausto, 2005, Jerusalén, Israel. Foto: Cortesía CDI.

En un proyecto como el Museo del Holocausto en Israel, ¿cuál es el proceso creativo? ¿Cuáles son los primeros objetivos? ¿El primer paso para comenzar tu inmenso trabajo? Cuando fui a ese museo no tuve que ponerme en los zapatos del otro, en cada espacio uno se involucra. Tú creas espacios para que las personas sintamos, y me impresiona mucho.

El Museo del Holocausto Yad Vashem, ha sido mi proyecto más difícil a nivel emocional, porque se refiere a un capítulo horrible en la historia. Mi primer pensamiento fue que no podía ser un proyecto de arquitectura como cualquiera… no podía ser un gran edificio en la cima de una colina que sea sólo otro monumento a la arquitectura. Tenía que ser un monumento a la narrativa y a la historia. Entonces decidí construir un edificio que atravesara la montaña, que uno entre por un lado de la montaña y salga por el otro. Uno se mueve entre las cámaras, la luz llega desde arriba y al final, la vida reafirma: sobrevivimos. La salida da a la luz y a la vista de una renovación de Jerusalén… Cuando diseñas edificios simbólicos, como Yad Vashem, o museos nacionales, esos alcanzan un nivel más alto al que yo le llamo “magia”.

¿Qué has aprendido sobre el diseño de espacios de trabajo y habitacionales de alta densidad, y qué podemos planear para el futuro?, ya que el futuro es muy diferente a lo que era hace 20 o 30 años. 

Creo que lo que sucede con el diseño residencial y de oficinas es que, con el crecimiento poblacional, es natural pensar en los edificios como extrusiones. Nos dimos cuenta que son como colmenas sin espacio exterior, cuando deberían ser micro comunidades y la solución estaba en la apertura: conectar los edificios, conectar los espacios al aire libre. Para mí es emocionante, ahora que tengo 82 años, ver la nueva generación de arquitectos adoptando estos conceptos.

Por Andrés Roemer


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