Isabel Cuesta, una mamá digitalizada

Isabel Cuesta ha creado una comunidad para mamás. Con su blog, libro y cursos, ha ayudado a muchas mujeres

Isabel Cuesta, una mamá digitalizada
ÉL. Su esposo ha entrado en este mundo digital para hacer sinergia, lo encuentras en IG: @marido_official. Foto: Cortesía

¿De dónde surge la idea del blog?

Me quedé embarazada por sorpresa a los 27 años. La maternidad me daba vértigo y se daba la circunstancia de que ninguna de mis amigas cercanas eran madres, ni tenían en proyecto serlo. De pronto me sentí muy sola y sin nadie con quién compartir todas las dudas, inquietudes, avances, fracasos… la maternidad es una montaña rusa emocional y compartida se lleva muchísimo mejor.

De la necesidad de rodearme de otras madres como yo y hacer comunidad, nació mi blog Una madre molona en el año 2013, cuando mi primera hija tenía apenas cuatro meses de vida. Además, coincidió que mi hermana mayor se quedó embarazada de su hijo y me pidió que le apuntara los trucos que iba descubriendo. Así que una cosa llevó a la otra y comencé con esta aventura escribiendo artículos sobre cómo estaba viviendo esta etapa tan vital en la vida de una persona.

 ¿Cómo se te ocurrió el nombre?

Un día iba caminando por la calle empujando el carro de mi bebé. Un amigo pasó con su coche y me dijo “¡mira!, ¡una madre moderna!”. Me hizo gracia y cuando llegué a casa me registré en una web para abrir mi blog y comencé a probar nombres. “Una madre moderna” no estaba disponible y lo siguiente que me pasó por la cabeza fue “Una madre molona”. Molona hace referencia a “Cool” así que me parecía que podía encajar muy bien. Y así fue, me identifico muchísimo con ese nombre. No seré la madre más “cool”, pero soy tremendamente disfrutona y eso hace la vida mucho más molona.

 ¿Qué ha sido lo más difícil de tener un blog dirigido a mamás?

A medida que mi audiencia iba creciendo, también fue creciendo mi sentimiento de responsabilidad. Y es que hay que ser muy consciente de que no sabemos quién está recibiendo la información que damos y cómo la está interpretando. Así que lo más difícil es revisar todo lo que publico mil veces para que se entienda bien, para que no se malinterprete o se descontextualice.

 ¿En qué momento o anécdota te diste cuenta de que ya tenía tanto éxito?

Al poco de comenzar a escribir, preparé un artículo sobre los peores juguetes de la historia que era bastante cómico y se hizo muy viral. De pronto, tenía más de 40.000 visitas al día y yo no era capaz de entender si eso era mucho o poco, porque solo llevaba 3 meses escribiendo. Cuando varios medios de comunicación me contactaron para entrevistarme, me di cuenta de que realmente estaba llegando a muchísima gente.

La segunda vez fue cuando, ya con bastantes seguidores en Instagram, una mujer me paró en plena calle al grito de “¡Molonaaa!”, me abrazó, hablamos, nos reímos, nos hicimos una foto y, al seguir nuestro camino, Marido me pregunto “¿quién es?” y le dije “ni idea, pero está claro que es una molona”. Me hizo muchísima ilusión.

¿Cómo seleccionas el contenido?

Realmente lo que escribo y comparto es fiel reflejo de lo que voy experimentando como madre de tres. Al principio, contaba mis experiencias como primeriza; después como madre de dos; y después como madre de tres. Con la llegada de las rabietas y de las situaciones más difíciles, empecé a indagar acerca de la Disciplina Positiva. El cambio en casa fue espectacular, tanto es así que necesitaba compartirlo con mis molonas (como llamo cariñosamente a mi audiencia). Por ellas di el paso y me certifiqué en Disciplina Positiva para familias, para aula, para organizaciones y para pareja. Y ha sido de las mejores decisiones de mi vida.

De un tiempo a esta parte es de lo que más escribo, porque hemos visto que es lo que más ayuda a las familias. Hacemos por los demás, lo que nos gustaría que hubieran hecho por nosotros.

 ¿Qué temas son los que más te cuesta abordar?

No existe un tema específico que se me atragante. Si no me siento segura hablando de algo, directamente no escribo sobre ello. Mi blog está escrito por una madre real y va dirigido a otras madres reales, lo que nos une son, precisamente, nuestras vivencias como madres y padres. Y siempre prima el factor responsabilidad. Me documento bien, pero lo más importante para mí y para Marido es compartir nuestra experiencia real y eso es lo único que podéis encontrar en Una madre molona.

¿De qué trata la Disciplina Positiva?

La Disciplina Positiva es toda una filosofía de vida. Se puede aplicar en las familias, en el aula, en las empresas e incluso en las relaciones de pareja. En el caso de las familias, a las madres y a los padres nos ayuda a entender el origen de los comportamientos de los niños y eso es muy útil a la hora de educar.

Es como si de pronto aprendiéramos a hablar el mismo idioma. Mejora la educación, mejora la comunicación y mejoran las relaciones en general, hasta de la pareja. La familia empieza a funcionar como un equipo y los conflictos se trasforman en retos para crecer y mejorar.

Entendemos la infancia como una fase de preparación para la vida. Tenemos muy presentes las habilidades y valores que queremos inculcar a nuestros hijos. Realmente se puede mejorar la sociedad y el mundo si mejoramos la relación entre padres e hijos. La Disciplina Positiva nos ofrece unos conocimientos muy valiosos y un sinfín de herramientas para educar con seguridad y con la tranquilidad de saber que vamos por el camino correcto.

¿Nos podrías dar un ejemplo de cómo aplicarlo?

Hay que entender el concepto global. Los ejemplos sueltos y pinceladas no sirven porque los niños no son una lavadora con su respectivo manual de instrucciones. Si un niño tiene un comportamiento difícil, en primer lugar tenemos que analizar qué está intentando decirnos con ese comportamiento. Seguramente haya un origen y ese “mal comportamiento” no es otra cosa que una petición de ayuda. Cuando lo interpretas como tal, el adulto pasa de sentir enfado a sentir comprensión y podemos actuar con mayor claridad.

Nos gustaría que lo pidieran de una forma más clara y sin tomar malas decisiones. Eso sería lo ideal, pero cuando entendemos que su cerebro aún no está maduro y que les faltan conocimientos, entrenamiento y madurez, todo empieza a encajar y dejamos tomarnos los malos comportamientos como algo personal.

¿Puede estar sintiendo celos de algún hermano?, ¿puede ser que reciba demasiadas órdenes y sienta que no se le está teniendo en cuenta?, ¿puede ser que se sienta dolido con algo que ha ocurrido?, ¿puede ser que su autoestima esté por los suelos o que arrastre una etiqueta impuesta por su entorno?, ¿puede ser que nosotros, los padres, estemos atravesando una etapa personal complicada y que nos esté afectando anímicamente?

El cerebro siempre va a primar la supervivencia. Y si para sobrevivir tengo que ser visible, es más fácil conseguir atención tomando malas decisiones que tomando buenas decisiones. Piensa que el cachorrito de la camada que no es visible está condenado a morir, ser visible supone sobrevivir. Lo que tenemos que hacer es enseñarles a ser visibles de forma correcta.

El cerebro siempre va a primar la supervivencia. Foto: Cortesía 

 ¿En qué ayuda la Disciplina Positiva a los padres? ¿Y a los niños?

A los padres nos ayuda a no sentirnos perdidos, desesperados, bloqueados, incapaces… a los niños les ayuda a desarrollar importantes habilidades para la vida y a crecer en la responsabilidad y no en la coacción. Porque cuando educamos con castigos y premios, el niño aprende a no hacer “lo que está mal” por miedo a recibir un castigo. No porque haya un aprendizaje real. Cuando les acostumbramos a recibir premios a cambio de que cumplan con sus obligaciones, interpretan que no tienen que hacerse cargo de sus responsabilidades si no es a cambio de algo. Al principio serán pequeñas cosas, a medida que crezcan irán pidiendo más y más.

Con Disciplina Positiva los niños crecen sintiéndose capaces y desarrollan un gran sentimiento de comunidad. 

¿Cómo empezó y de dónde surgió el proyecto de tu libro?

En junio se publica en España nuestro libro “Cuentos molones para educar en positivo”, no sabemos cuándo llegará a México. Este libro nace tras haber impartido talleres de educación positiva a más de 5.000 familias. Muchas coinciden en que las teorías son muy bonitas pero que la práctica es muy complicada. Nosotros estamos de acuerdo. Por eso hemos decidido recopilar 5 historias, narradas como cuentos infantiles, donde plasmamos anécdotas reales vividas en nuestra familia mientras educamos en positivo a nuestros tres hijos.

Son ejemplos reales que poníamos en las formaciones para padres y ellos decían que les ayudaba muchísimo. El libro incorpora después de cada cuento, una explicación de los mismos con principios de educación positiva. Creemos que va ayudar a muchísimas familias a interiorizar conceptos de forma lúdica.

¿Cuál es el mejor consejo que encontraremos en tu libro?

Hay un montón y diría que todos ellos son de gran valor. Para mí, el punto de partida más importante para entender bien esta filosofía de vida es el concepto de pertenencia. De aquí nace todo. Y es que todas las personas, desde que nacemos, buscamos pertenecer, sentirnos tenidos en cuenta. Somos un ser social, un ser que necesita de los demás para sobrevivir. No solo necesitamos de los otros, es que necesitamos que los otros nos necesiten a través de nuestra contribución. Eso es lo que da sentido a todo. Si nuestros hijos solo reciben órdenes, lo sano será que opongan resistencia. Porque realmente no queremos que se conviertan en futuros adultos obedientes, sino en seres responsables, trabajadores, empáticos, resilientes, con una autoestima alta, etc.

 En esta aceleración digital durante la pandemia, ¿ha traído algo positivo para Una madre molona?

Diría que sí. Nosotros disfrutábamos mucho con las formaciones presenciales. El trabajar cara a cara con las madres y los padres. Emocionarnos juntos, aprender, sentir que los demás tenían las mismas inquietudes y problemas que nosotros.

Con la pandemia nos lanzamos a ofrecer un curso online. Jamás imaginamos tantísimo éxito y que podríamos ayudar a tantísimas familias. Antes, las entradas se agotaban en horas, recorríamos España pero no podíamos llegar a todas las personas que querían recibir nuestra formación. Gracias a la pandemia y a habernos lanzado a ofrecer cursos online, estamos llegando a personas que nunca hubieran podido acudir a un taller presencial. Ya no hay fronteras, tenemos alumnos de México, de Italia, de Alemania e incluso de Australia. Es una pasada poder ayudar a tantísima gente a cuidar de lo más importante: de nuestros hijos e hijas, que serán los que dirijan el mundo el día de mañana.

Por Begoña Cosío

avh 


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