TRES EN RAYA

Hitler y el presidente más "humanista"

Ya no es noticia que, en las mañaneras, López Obrador descalifique y ataque —abusando de su poder e investidura— a quien ose cuestionarlo

OPINIÓN

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Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

Ya no es noticia que, en las mañaneras, López Obrador descalifique y ataque —abusando de su poder e investidura— a quien ose cuestionarlo, señalarlo o, sin buscarlo, caiga dentro de la clasificación de “enemigos del día del presidente. Su actividad predilecta es abrir frentes de pelea a todas horas. Judíos, sacerdotes, científicos, clasemedieros, periodistas, académicos, expertos, médicos, mujeres, actores, activistas, empresarios. Vamos, a menos de que uno sea palero, advenedizo, un delincuente o Gertz Manero (que va siendo lo mismo), en este país nadie se salva de haber sido ofendido o insultado por el primer mandatario.

El jueves pasado no habían dado las 8:30 am y desde su púlpito presidencial ya había agredido a la comunidades jesuita y judía. Dobló la injuria llamando a los primeros hipócritas y a los segundos diciéndoles: “no tendrán patente de corso para afectar la transformación [entiéndase, la 4T]”.

Andrés Manuel es “el poeta del insulto”, como lo llamó en su momento el escritor Gabriel Zaid, y es cierto: sus ataques son base de la polarización por él lograda y capitalizada. Sí, esta polarización es estrategia política y electoral, y le ha dado muchos frutos a su movimiento. El que sigue dividiendo y, además, haciéndose la víctima es él. Como niño inmaduro, justifica sus pronunciamientos diciendo que a él lo han insultado y calumniado.

Pero sus injurias no se circunscriben a las palabras. Su peor ultraje es la desidia; su obstinación en no cambiar un ápice sus programas, proyectos y política pública. El apostar por una estrategia fallida de combate a la inseguridad, que no supone la aplicación de la ley y que, por lo mismo, redunda en un mayor número de muertos. Su insulto es incisivo, pues la violencia no cesa. Su agravio lacera ante el desabasto de medicinas y la larga lista de necesidades que tiene México y que él se niega resolver.

Vladimir Putin tuvo que pedir perdón públicamente por decir que Hitler tenía sangre judía. López Obrador dijo respecto a un comunicador judío (Carlos Alazraki) que tenía ‘pensamiento hitleriano’. Luego, ante el rechazo de la comunidad judía, dado que “toda comparación con el régimen más sanguinario de la historia es lamentable e inaceptable”, el tabasqueño no hizo más que reiterar: “sí, de pensamiento hitleriano pues es seguidor del pensamiento de Hitler”.

Los apologistas del régimen claman que, antes, Alazraki había comparado a López Obrador con Adolf Hitler (lo cual el comunicólogo ha negado). Mas el problema radica en que un presidente debe buscar la concordia, no azuzar los odios y reiterarlos. Ya lo he dicho antes: hay disparidad entre el poder, la fuerza, la presencia de un presidente y la de un ciudadano.

La 4T ha trastocado tanto los términos que llaman “el presidente más humanista” a quien insulta con dichos y hechos de manera diaria a la gran mayoría de los mexicanos. A quienes dice “defender”, los pobres, haciéndolos más pobres, disminuyendo su ya raquítica atención médica y permitiendo que el narcotráfico les cobre derecho de piso, de vía, de vida. Un insulto que va más allá de la palabra.

¿Hasta cuándo toleraremos que un presidente desprecie y denigre a todos los que dice gobernar? ¿En qué momento todas sus injurias y ultrajes recibirán respuesta? Algunos dicen que el 2 de junio de 2024, otros que cuando sea juzgado por ahí del 2025, otros más debemos continuar evidenciándolo desde ahora.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO

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