ARTE Y CONTEXTO

Los vértigos de la memoria de Daniel Lezama

Para muchos de los que nos interesa el arte, esta es LA exposición de pintura del año por lo que representa Daniel Lezama

OPINIÓN

·
Julen Ladrón de Guevara / Arte y Contexto / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

El México de Daniel Lezama es más sobrenatural que surrealista. Su percepción de nuestra civilización en particular tiene tantos ejes narrativos, que para plasmarlos en un soporte bidimensional necesita hacer malabares de pintor virtuoso, sobreponiendo en un bastidor las imágenes de las narraciones que ha acumulado. Lo que sucede es que además de ser un extraordinario artista, Daniel es un lector voraz, lleno de pasajes históricos e imaginarios que seguramente conviven yuxtapuestos en su cabeza. Muchas veces me he preguntado cómo serán los planos de su particular realidad pictórica en esa mente abstracta, porque ahí los objetos, las personas y los paisajes seguramente habitan ingrávidos en espacios inefables. En su vertiginoso universo el tiempo no transcurre en orden cronológico, y las leyes de la física que nos rigen tampoco existen como las conocemos, así que verter todo ello en un soporte bidimensional debe ser hasta frustrante, sin embargo el resultado es emocionante. 

El primero de junio pasado se inauguró en el Museo de Arte Moderno “Vértigos de la memoria”, una exposición con 40 obras que abarcan sus 25 años de trayectoria. Erick Castillo, curador de la muestra, propone una lectura con tres ejes narrativos que representan algunos de los temas recurrentes del artista: “El arquetipo de los niños jardineros”, “Historia (sobre)natural de la civilización mexicana” y “La montaña genealógica”. 

Para muchos de los que nos interesa el arte, esta es LA exposición de pintura del año por lo que representa Lezama, ya que se ha posicionado como uno de los artistas más relevantes del país. En mi opinión, él es quien más ha aportado a la renovación iconográfica de la pintura nacional en esta generación. Un indicativo de ello es la pesada cola para entrar a la inauguración que se sostuvo así, al menos, por dos horas continuas; todos los ahí presentes queríamos ver qué nos deparaba esa sala en particular, y lo que experimentamos al cruzar la puerta fue intenso.

Al menos en mi caso tuve la impresión de encontrarme con una muestra histórica, donde por primera vez sentí de golpe el peso del artista como tal, que con toda humildad saludaba, a un lado del texto de sala, a los amigos que lo felicitaban. Por supuesto que ya sabía que Lezama es un pintor genial, por decir lo menos, sin embargo, esa noche el aire estaba lleno de emociones difíciles de vivenciar en un evento como este porque, observar el conjunto de esa obra con distintas narrativas, con imágenes reconocibles, entrañables, marcó un hito en la carrera del autor, y los que estábamos ahí tuvimos el privilegio de vivirlo con él. “Esta exposición puede ser la culminación de mi carrera en México”, dijo Lezama, porque exponer en el MAM es un parteaguas en la carrera de cualquier pintor mexicano.

POR JULEN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

CAR

 

SEGUIR LEYENDO: 

La ciudad de Oaxaca

Nunik Sauret y la gráfica mexicana (Parte II)

Nunik Sauret y la gráfica mexicana (Parte I)