DESDE AFUERA

El gobierno de AMLO y la realidad

La actual situación internacional y las posturas de política exterior de México pueden apuntar a un intento

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

La actual situación internacional y las posturas de política exterior de México pueden apuntar a un intento de mantener una relativa independencia y, hasta neutralidad con los diversos campos, pero también a un reconocimiento de que la suerte de nuestro país está ligada a la de EU, y viceversa.

Ese parece ser el mensaje del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que en la retórica acusa, denuncia y hasta pone distancia en beneficio de su audiencia interna, pero en los hechos colabora con la administración de Joe Biden. 

La realidad es que el bienestar y la seguridad nacional de los dos países depende del otro, por su entrelazamiento.

El reconocimiento de un hecho no implica acuerdos absolutos ni que haya una completa coincidencia en temas, pero en lo que importa, de seguridad a suministros, hay una concordancia y colaboración básicas.

De entrada, en lo económico, parece haber la aceptación de que el mundo comienza a alinearse en dos polos: EU y China. Que al gobierno mexicano le gustaría tener acceso al financiamiento chino y ampliar su comercio con ese país es un hecho, pero que la geopolítica limita esas aspiraciones es una realidad, beneficiada y complicada porque, para bien o para mal, México es parte de las cadenas de producción y suministro estadounidenses.

De hecho, podría asegurarse que desde el punto de vista mexicano la "Guerra Fría" puede ser entre Rusia y Estados Unidos, pero la verdadera competencia económica, estratégica y geopolítica es entre la potencia norteamericana y la República Popular China. 

Y López Obrador lo ha reconocido así repetidamente, incluso en su propuesta de crear una unión hemisférica o la consolidación de una región norteamericana capaz de competir específicamente con China.

Parte de la política exterior lopezobradorista es una mayor vinculación con América Latina en general y los gobiernos de izquierda en la región, en especial, en una declaración de independencia que no es rara en la historia de la diplomacia mexicana: el apoyo a Cuba, tras su exclusión de la OEA, en 1962, el respaldo al gobierno de Chile bajo Salvador Allende, en 1973, la actuación en América Central y su mediación en los conflictos de Nicaragua y El Salvador en los años 70.

Incluso, el condicionamiento de asistencia de AMLO a que se invite a Cuba, Nicaragua y Venezuela a la próxima "cumbre" de las Américas, cumple con ese patrón y en alguna medida fortalece su aspiración de hacer de México un efectivo puente comunicador entre Estados Unidos y América Latina.

No es un juego simple. La retórica de López Obrador, las incapacidades de colaboradores designados más por afinidad ideológica o partidista que por conocimientos o capacidad, han tenido costos para el país, para su gobierno y para la relación, pero no obstaculizan el reconocimiento de realidades.

Geopolítica, economía y sociedad hacen de la relación México-EU algo inescapable, pero algunos colaboradores de AMLO todavía no se dan cuenta.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1

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