Félix Salgado y el mito fundacional de Morena

Aunque en el movimiento de López Obrador hubo momentos importantes, no cabe duda de que la piedra angular del obradorismo moderno es la elección del 2006

Félix Salgado y el mito fundacional de Morena
Fernanda Caso / Ayer pensaba distinto / Opinión El Heraldo de México

Todo movimiento con vocación de trascendencia necesita un ancla en el pasado que dé coherencia al futuro que se pretende construir. Esa ancla, o mito fundacional, sirve también como eje de la identidad del movimiento y sus luchas, da a los miembros un sentido de pertenencia y hace que las acciones pequeñas se engrandezcan en el imaginario colectivo al formar parte de un engrane que supera a los individuos.   

Aunque en el movimiento de López Obrador hubo momentos importantes como el desafuero, no cabe duda de que la piedra angular del obradorismo moderno es la elección del 2006. Su mito fundacional es la acusación de fraude. Los ataques contra la autoridad electoral son parte de su discurso cotidiano. En el movimiento no solo están tolerados los exabruptos frente a las instituciones democráticas sino que se entienden como parte de su esencia. La doctrina anti-institucional permea a todas las estructuras de Morena, el partido que hoy sirve de andamio para el obradorismo.

Todas las semanas escuchamos al presidente despotricar contra el INE y sus consejeros. Los dirigentes del partido lo repiten, los candidatos asumen el discurso y los jóvenes se lanzan en redes para replicar el mensaje. Hacia adentro del partido es lo mismo: si un precandidato no resulta electo para aparecer en la boleta, lo primero que hace es denunciar fraude, “encuestas amañadas,” y favoritismo por parte de los liderazgos.

La falta de civilidad democrática de Morena llegó al punto de les fue imposible organizar las votaciones para su última elección de dirigencia y el Tribunal terminó obligándolos a hacerlo mediante una encuesta. Para ese momento, el partido llevaba ya más de un año con pleitos en los medios, peleas a puños en las asambleas y una larguísima batalla jurídica entre los grupos internos.

El partido que hoy gobierna el país no cree en la democracia institucional. Lo que hemos visto hacer y decir a Félix Salgado Macedonio no es una excepción en el partido, sino la consecuencia natural del discurso que ellos mismos han promovido todos los días, desde hace 15 años.

Nadie pretende decir que el INE es perfecto. Han cometido innumerables errores (algunos de ellos han tenido efectos terribles). Pero lo cierto es que es preferible tener un árbitro imperfecto y trabajar en mejorarlo, que desaparecerlo y estar a las expensas de los humores y excesos del gobernante en turno.

Sí, debemos condenar a Félix Salgado por las amenazas. Pero tenemos que estar conscientes de que Salgado será solo el primero de muchos candidatos que surgirán con discursos similares si el presidente sigue insistiendo en descalificar a las instituciones y si Morena sigue formando cuadros que no saben aceptar que, en la democracia, hay reglas que cumplir y resultados que aceptar, aunque no sean los que nos convienen. 

Por Fernanda Caso
fernandacaso@hotmail.com
@Fer_Caso

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