AYER PENSABA DISTINTO

Mujeres silenciadas

Por falta de oportunidades, Victoria tuvo que salir de El Salvador para venir a México y solicitar una visa humanitaria para trabajar en la limpieza de hoteles

Fernanda Caso / Ayer pensaba distinto / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Las imágenes son desgarradoras: cuatro elementos de la policía alrededor de una mujer que gime de dolor en el suelo mientras uno de ellos la somete con la rodilla contra el asfalto. Victoria no murió, la policía de Tulum la asesinó.

Hace un mes y como cada año, con motivo del Día Internacional de la Mujer, volvieron a aparecer en todos los medios y redes sociales cientos de cifras e historias que revelan la crisis de violencia e inequidad que viven las mujeres en México. Se habló de los feminicidios, de las violaciones, del acoso laboral, de la disparidad salarial y de los derechos que el Estado sigue negando. Sin embargo, poco se habla de cómo la violencia, la inequidad y la impunidad afectan mucho más a las mujeres que menos escuchamos.

Victoria no solo era mujer, también era migrante, era morena y era pobre. Por falta de oportunidades, Victoria tuvo que salir de El Salvador para venir a México y solicitar una visa humanitaria para trabajar en la limpieza de hoteles, según lo relata su madre. La tranquilidad con la que los policías la torturaron en plena luz del día hace ver que a ninguno de los oficiales involucrados le alarmaba lo que estaba sucediendo. El hecho hubiera pasado probablemente desapercibido si no hubiera habido una cámara grabándolo todo.

Sí, la violencia contra las mujeres en el país es terrible. Pero es aún peor contra aquellas mujeres que son invisibles al sistema… mujeres como Victoria, que todos los días son abusadas por un país que sabe que no tienen cómo defenderse. Decenas de miles de empleadas domésticas, trabajadoras sexuales y empleadas de hoteles viven como ciudadanas de segunda clase, con derechos limitados y un sistema de justicia que les es inaccesible. Si a esto se le agrega la condición migrante, entonces el aparato institucional de protección prácticamente desaparece.

Según información de la policía local, a Victoria la detuvieron por “alterar el orden público”. En un lugar como Tulum, ¿cuántos turistas blancos, nacionales y extranjeros, no alteran el orden público con fiestas y peleas todos los días? Esos turistas, evidentemente, no corren la suerte de Victoria. Si ella hubiera sido blanca, si hubiera sido europea y si hubiera sido rica, no hay duda de que hoy estaría viva.

México tiene que cobrar conciencia del machismo, pero también tenemos que cobrar conciencia del profundo racismo y clasismo que permea nuestras estructuras políticas y sociales. La muerte injusta de Victoria es motivo de tristeza y de un enorme coraje. Pero debe también ser un motivo de reflexión para que su caso no se convierta en una anécdota, que se haga justicia y que empecemos a hablar, también desde el feminismo, de las otras injusticias: aquellas en las que algunas de nosotras estamos del lado del privilegio y, por tanto, frente a las cuales tenemos una doble responsabilidad. Las injusticias que han mantenido históricamente a otras mujeres silenciadas y desprotegidas.

Por FERNANDA CASO 
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