Los conservadores: un buitre en las luchas sociales

Este vacío ideológico tiene su máxima expresión en la actitud oportunista con la que la derecha mexicana

Los conservadores: un buitre en las luchas sociales
Ricardo Peralta/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Decía el escritor y pensador alemán J.W. Goethe que él prefería “la injusticia antes que el desorden”, y desde entonces hasta hoy, esa frase se convirtió en uno de los paradigmas principales que explican el ideario conservador: más allá de las injusticias que acontezcan, ellos prefieren mantener el orden establecido.

Estos mismos conservadores, que siempre se han opuesto a las luchas históricas para el progreso de las sociedades, como el divorcio o el matrimonio igualitario, hoy se encuentran frente a un pleno vacío ideológico que ya no consiguen llenar ni con Gómez Morín, ni con Castillo Peraza, y ni tan siquiera, con Goethe.

Este vacío ideológico tiene su máxima expresión en la actitud oportunista con la que la derecha mexicana, encarnada en el Partido Acción Nacional, toma frente a los legítimos movimientos sociales que emergen en la sociedad civil.

Lo pudimos ver desde el inicio del sexenio, cuando la misma derecha que en su momento propuso construir refinerías, y las canceló tras gastar miles de millones de pesos en accesorios inútiles como bardas, salió a criticar la construcción de la Refinería de Dos Bocas por su carácter “antiecológico”. Igual ocurrió con el Tren Maya, los mismos que dejaron instalaciones férreas a medio construir tras fuertes escándalos de corrupción, hoy protestan contra un proyecto de desarrollo sustentable y bien planeado como lo es éste.

Pero no solo el medio ambiente fue utilizado como falsa bandera de los conservadores: también las luchas contra la pobreza forman parte de su “renovado” y falso discurso. Hoy acusan al presidente de la República de perpetuar la pobreza con los programas sociales por su supuesto “carácter asistencialista” los mismos que utilizaron los programas sociales para la compra de voto durante los procesos electorales, sin generar desarrollo de ningún tipo, mientras estuvieron tres décadas en el poder.

Pero sin lugar a duda, la bandera con la que más cómodos se sienten aquellos que ocultaron la violación de Ernestina Ascensio es la del feminismo. Encontraron en el movimiento que lucha contra la violencia de género una demanda legítima y articulada que no se le puede imputar al Gobierno Federal actual, si no a la inercia que conlleva el abandono sistemático de décadas por parte de las instituciones de procuración e impartición de justicia, así como a las dependencias de acompañamiento y prevención de todo aquello que no permite a las mujeres ser libres y vivir una vida digna y soberana.

La derecha, convencida de que ese sería un talón de Aquiles del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se intentó sumar a esa lucha, un movimiento al que no solo desconocían por completo, sino con el que no tenían nada en común tras haberse opuesto durante décadas a sus reivindicaciones históricas, tras haber cobijado y protegido a Mario Marín y a tantos otros.

Es evidente y deseable que el descontento de las mujeres ante décadas de violencia y discriminación eclosionase políticamente en grandes movilizaciones que transforman por completo la manera en la que se entiende la política en todo el mundo, pero también es evidente que quienes se opusieron a que las sociedades avanzaran desde hace siglos, no serán capaces de canalizar esta ni otras luchas para sus objetivos políticos.

Para concluir este planteamiento, es casi irrisorio ver como en plena pandemia, los mismos que desmantelaron el sistema público de salud y dejaron cientos de hospitales abandonados y sin concluir, hoy reclaman al Gobierno Federal una mayor capacidad del sistema sanitario. Ellos, que siempre se opusieron a pagar impuestos para que todas y todos gozásemos de los derechos sociales más fundamentales.

Es cierto, la derecha está moralmente derrotada, pero también está ideológicamente vaciada.

POR RICARDO PERALTA
COLABORADOR
@RICAR_PERALTA

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