COLUMNA INVITADA

Glasgow o la tragedia climática

Tenemos en nuestras manos el gran poder de transformar nuestro mundo, pero ello implica, necesariamente, una gran responsabilidad

OPINIÓN

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Juan Luis González Alcántara / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

El gran dramaturgo alemán Friedrich Schiller construyó su vasta obra, en buena medida, bajo la directriz del imperativo categórico de la filosofía kantiana, incorporando un importante contenido moral sin sacrificar el valor artístico de sus dramas.

Quizá el mejor ejemplo de esto lo podemos encontrar en Mary Stuart o María Estuardo, drama histórico en verso que narra los últimos días de María, Reina de Escocia, antes de su ejecución por conspirar para asesinar a la Reina Isabel I de Inglaterra. En esta obra, Schiller exhibe su fe en la capacidad humana para hacer frente a los embates de la vida, la humanidad y la naturaleza.

En este respecto, coincidimos con Carmen Gómez García, quien en su análisis del drama de Schiller María Estuardo: sobre la disociación del ser humano moderno¸ señala que “la finalidad última del arte tiene un carácter ético, en tanto pretende representar al ser humano como libre, capaz de sobreponerse a las limitaciones impuestas por la naturaleza”.

En más de un sentido, la tragedia de la reina escocesa sirve como alegoría para la humanidad que, poco a poco, como la protagonista, queda paralizada ante la amenaza que avanza inexorablemente hacia ella. En este caso, se trata del cambio climático, cuyo avance implacable se asemeja al de los dioses de las tragedias griegas, ante el cual sus víctimas no son más que espectadores, resignados a un destino fatal que escapa de sus manos.

Esta sensación de zozobra fue evidente en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuyo retraso, con motivo de la pandemia mundial, se vio posteriormente agravado ante las dificultades logísticas de su implementación y la notoria falta de consenso entre las partes involucradas, llamadas muchas veces a realizar sacrificios imposibles, cuya utilidad final no siempre se alcanza a comprender con claridad.

En este sentido, si en verdad pretendemos alcanzar una solución, es necesario separarnos del molde de aquellos héroes trágicos, satisfechos con una victoria existencial, mientras el mundo se desmorona a su alrededor. Es necesario alcanzar un consenso y, para ello, aprender a escuchar y aceptar otros puntos de vista, otros intereses y otras prioridades, pues insistir y declamar sin tratar de comprender al otro no es más que predicar en el desierto.

La historia nos ha demostrado cómo el ingenio y la persistencia humana han sido capaces de vencer, en más de una ocasión, retos que parecían imposibles. Tenemos en nuestras manos el gran poder de transformar nuestro mundo, pero ello implica, necesariamente, una gran responsabilidad.

POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA
MINISTRO DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

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