Traición a la Ciudad

Al final la realidad alcanzó a las autoridades, quienes tuvieron que reconocer el semáforo rojo

Traición a la Ciudad
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

Ya se había denunciado por varios analistas mexicanos, y esta semana una investigación de la reportera Natalie Kitroeff, del New York Times, lo documentó: el Gobierno Federal le mintió a la población de la Ciudad de México sobre la gravedad de la pandemia. Las autoridades manipularon datos y alteraron su propio modelo de medición, por lo menos desde principios de diciembre. Tergiversaron la creciente cifra de contagios y el cada vez menor número de camas disponibles en los hospitales. Esta decisión política costó vidas.

¿Por qué el gobierno falseó la información a propósito? Porque querían evitar a toda costa tener que pagar el costo político de que la Ciudad de México pasara a semáforo rojo y decretar un nuevo confinamiento; porque este gobierno –aunque está tirando millones de pesos en proyectos faraónicos inútiles, como la refinería–, no quiere dar apoyos económicos a las empresas ni a las personas para ayudarlas a conservar sus negocios y empleos.

Y mintieron también porque admitir la gravedad de la crisis desnudaría su fracaso en el manejo de la pandemia. El subsecretario de salud y vocero del gobierno, Hugo López-Gatell, llegó al extremo de descalificar su propio semáforo epidemiológico, diciendo que era irrelevante, con tal de no hacerse responsable de sus decisiones. Las autoridades de la Ciudad de México, aunque sabían que las cosas no estaban bien, decidieron poner su lealtad política al gobierno federal por encima de su responsabilidad con la ciudadanía. Un funcionario de alto rango, José Merino, incluso terminó por decirle a la población que pensara en el color de semáforo que se le antojara. El mensaje fue claro: que cada quien se cuidara como quisiera o pudiera, porque el gobierno no iba a atreverse a tomar decisiones.

Sin embargo, quedamos en el peor de los mundos. Por un lado, al final la realidad alcanzó a las autoridades, quienes tuvieron que reconocer el semáforo rojo. Por el otro lado, como la medida se tomó por lo menos dos semanas tarde (hasta mediados de diciembre), hubo miles de contagios que pudieron prevenirse, y muertes que se pudieron evitar. La tardanza además intensificó la saturación hospitalaria. Más aún, como las nuevas restricciones se decretaron de un día para otro, el gobierno provocó compras de pánico que causaron aglomeraciones y mayores riesgos de contagio.

Finalmente, como el gobierno ha mandado mensajes confusos y contradictorios, de forma que cientos de miles de personas simplemente no se están tomando en serio la emergencia; así, todos los días vemos cómo se crean nuevas aglomeraciones en mercados, tianguis y espacios públicos, en los momentos de mayor contagio.

No hay otra forma de decirlo: el gobierno federal traicionó a la Ciudad de México; mintió sobre la pandemia; puso su imagen y popularidad por encima de la salud y el bienestar de la gente. Las autoridades locales tampoco se atrevieron a alzar la voz con contundencia y claridad. Fue la realidad de las muertes y la saturación hospitalaria la que hizo la mentira insostenible. Y fue de nuevo por los medios, no por nuestras autoridades, que nos terminamos enterando de la verdad.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
@GUILLERMOLERDO


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