Siempre sí, el PRIAN

La dirigencia del Partido Acción Nacional buscará una alianza con el PRI y el PRD de cara a la contienda del 2021. Aunque están por definirse muchas cosas, se habla de 100 a 150 de los 300 distritos electorales

Siempre sí, el PRIAN
Alejandro Poiré / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Se ha anunciado, por parte de la dirigencia del Partido Acción Nacional, que buscarán una alianza con el PRI y el PRD de cara a la contienda del 2021. Aunque están por definirse muchas cosas, se habla de 100 a 150 de los 300 distritos electorales donde irán juntos los partidos, y se mencionan también candidaturas compartidas en varias de las 15 gubernaturas que están en juego. Se cumplirá así el vaticinio, la pretendida injuria con la que AMLO calificó a estos dos partidos por muchos años: estará en la boleta federal del 2021 el PRIAN.

Quizá resulte una alianza escandalosa, sobre todo desde una perspectiva histórica. Acción Nacional tendrá mucho que explicar a millones de simpatizantes, de hoy y de décadas pasadas, que se acercaron a lo político imaginando a dicho partido como la única alternativa genuinamente liberal para oponerse al autoritarismo irrefrenablemente corrupto con que se asocia –aún más después del sexenio pasado– al PRI. 

No caricaturizo. Desde el pluralismo se entiende que para tener logros legislativos es indispensable reconocer la posición del otro para construir consensos, y sobre ello se trabaja. Desde la vocación democrática también se reconoce que el talento y compromiso con la construcción de lo público no son monopolio de una sola fuerza o ideología, y se forjan incluso cercanías edificantes que atraviesan los pasillos de las bancadas. Pero a los ojos de muchos militantes y simpatizantes panistas el legado del tricolor es tan nefasto, tan indisolublemente corrupto y autoritario, que al PRI se le comprende más como facilitador de lo que hoy consideran trágico en MORENA que como llave para solucionarlo.   

Aún así, sugiero a quienes viven un escándalo como el que describo algo de pausa y desapego. Así como cuando un manager cambia un pitcher de manera incomprensible a la mitad de una entrada, vale la pena tener una actitud de cierta humildad ante lo ocurrido, y suponer que alguna buena razón tendrán quienes tomaron estas decisiones que nos dejan perplejos. 

Empecemos por la obvia: todas las encuestas disponibles que miden intención de voto a la Cámara de Diputados muestran a MORENA tan arriba del PAN y del PRI, que solamente añadiendo sus simpatías y sumando las que aún tiene el PRD pareciera que habrá una contienda efectiva por la mayoría legislativa. Seguramente esto se reproduce a nivel estatal y distrital, pero con varianzas importantes; es decir, que independientemente de cuál de estos tres partidos va arriba, cuando se ve la probabilidad de triunfo del PAN o del PRI o PRD por sí solos en montones de distritos, la cosa debe verse desoladora, y ya no tanto cuando se van sumando. 

Y aunque es insensato suponer que los votos se transferirán en automático de la base de estos partidos a su coalición, seguramente hay evidencia que permite suponer que entre panistas actuales y potenciales hay aún mayor rechazo a MORENA que al PRI, lo que explica la coalición. Finalmente, también debe pesar en las dirigencias del PAN y el PRI el riesgo de reproducir el escenario del 2018, donde se pasaron toda la campaña atacándose uno a otro para ser “la alternativa con oportunidad de vencer a AMLO”, y ya sabemos cómo terminó la historia. 

Crucialmente, esta decisión sugiere que para las dirigencias de los partidos, en particular del PAN, lo que está en juego es tan grande que amerita este quiebre histórico. Que no se está solamente frente a la contingencia de que se profundice el mal gobierno, sino que las propias reglas del juego democrático estarán en peligro si MORENA mantiene su mayoría en San Lázaro. De ese tamaño es la apuesta, me parece; de ese tamaño el riesgo que se vislumbra.

Dependerá de muchas cosas, entre ellas de la capacidad de los liderazgos del PAN y sus aliados de comunicarse con eficacia, y de proponer al electorado algo más que una plataforma anti-AMLO, el éxito de esta coalición. Pero de que confirma una nueva etapa de nuestro sistema político, no me cabe duda. 

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ALEJANDROPOIRE


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