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Correr en Río

OPINIÓN

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Correr en Río de Janeiro es toda una experiencia maravilhosa. Mientras avanzas a trote lento por la Avenida Atlántica, en sus perfectas pistas para corredores y ciclistas, sientes que te deslizas al ritmo de las olas de Copacabana y de Ipanema con la energía que te da correr al nivel del mar. En medio del bullicio y la música que se respira en este paraíso, te sorprende no sólo la cantidad de personas que se ejercitan corriendo, en bicicleta o en patines y patinetas, sino la alegría con que se mueven, lo mismo esculturales cuerpos de mujeres y hombres brasileños, que personas mayores, jóvenes y extranjeros que disfrutan la experiencia de moverse libremente en la ciudad del ritmo y la samba. Con la vista al fondo del Cristo Redentor o el Pao de Azúcar, entiendes por qué Río, con su culto por el cuerpo y la belleza, es una de las ciudades del mundo donde más gen- te corre, junto a Manhattan. Porque aquí no sólo se trata de salud, sino de conservar un cuerpo estético y proporcionado, en una sociedad donde la belleza física es prioridad. Brasil ocupa el primer lugar en la lista de países con mayor número de cirugías plásticas en el mundo, con 1.49 millones de operaciones, con lo que superó a Estados Unidos (1.45 millones) en 2013, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética. Un alto porcentaje de cariocas sabe que no todo es genética, que el cuerpo se trabaja, se cuida y se mima para poder alcanzar la perfección deseada. El tiempo que le dedican a su cuerpo es directamente proporcional al grado de esculturalidad, de tal manera que es difícil que los ojos de un visitante no se pierdan en un torso o en una cadera, admirando su belleza y perfección. Cualquier deporte sirve para mantenerse en forma. Abundan los ciclistas, corredores y patinadores a cualquier hora del día, desde que amanece hasta que la noche cae sobre Río con toda la intensidad de un Bossa Nova o una samba. No solo en la Avenida Atlántica se puede ver a los brasileños correr, también en parques, carreteras y avenidas, alrededor del mítico estadio Maracaná, templo sagrado del país donde el futbol es religión y los futbolistas dioses. No importan los 35 grados del verano carioca o el sol intenso que cae a plomo al mediodía sobre Río, verás siempre a un corredor que trota rítmicamente, ligero o subido de peso, pero siempre con la gracia de quien ejecuta un paso de sambiña. Y, con la misma energía y vitalidad, veras a un joven delgado y moreno, que montado en su patineta dibuja sobre el pavimento su trayectoria como serpiente que repta en el desierto. Para cerrar la experiencia de correr en Río, nada mejor que hidratarte con un refrescante jugo de acai berry, una baya de las selvas brasileñas rica en antioxidantes, junto con un agua de coco fresca que encuentras en los kioskos a lo largo de Copacabana. Y porque no, después disfrutar de la mágica noche carioca con una buena y fresca caipirinha, y tratar de aprender unos buenos pasos de samba.   Columna anterior: Correr, viajar y vivir