México frente al socavón

Cada tragedia donde tiene que ver el gobierno, los funcionarios dan todo tipo de argumentos para aferrarse al puesto en lugar de asumir sus omisiones

OPINIÓN

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El 16 de abril de 2014, un ferry con capacidad de 475 personas se hundió en aguas de Corea del Sur. Murieron ahogados casi 300 de los ocupantes, la mayoría estudiantes adolescentes. Una investigación determinó meses más tarde que el accidente se debió a errores humanos de la tripulación. Aún así, dos semanas después del naufragio, el primer ministro Chung Hong-won presentó su renuncia por el manejo que el gobierno le dio a la tragedia. El funcionario no tenía ningún conflicto de interés, no había hecho ninguna acción que beneficiara a la compañía naviera, no ocultó información ni obstaculizó la justicia. En un acto de responsabilidad política —y tal vez para salvar en ese entonces a su jefa, la presidenta— se marchó. “Mantener mi puesto es una enorme carga para el gobierno”, dijo cuando compareció ante los medios. El hundimiento provocó gran indignación entre los coreanos y es fecha que no logran recuperarse anímicamente. En México estamos muy lejos de ver algo similar. Cada tragedia donde tiene que ver la mano del gobierno, los funcionarios involucrados arguyen todo tipo de argumentos para aferrarse al puesto, en lugar de asumir sus omisiones y en un ejercicio de ética, ponerle firma a su renuncia. El caso del socavón en el Paso Exprés de la autopista México-Cuernavaca viene a ubicarnos en nuestra justa dimensión política. No había terminado de caer la tierra sobre el enorme pozo que se abrió matando a dos automovilistas, cuando comenzó el reparto de culpas. La mayoría de las miradas se concentraron en Gerardo Ruiz Esparza, Secretario de Comunicaciones y Transportes, uno de los funcionarios más cercanos al Presidente Peña Nieto y responsable de la obra que colapsó, por lo que aseguró, fue una coladera que no dio abasto con la cantidad de agua que cayó sobre esa zona la madrugada del miércoles. Una versión muy endeble si se compara el costo final de la obra y la importancia que representa. Legisladores y ciudadanos en las redes sociales empezaron a pedir su cabeza, algo que difícilmente ocurrirá. A Ruiz Esparza se le ha perdonado la pifia del tren de alta velocidad México-Querétaro que dejó mal parado al Presidente con los chinos; sobrevivió a la controvertida licitación y entrega de televisores digitales, a las grabaciones que evidenciaban favoritismo hacia la constructora OHL, al escándalo de las concesiones obtenidas por Tecnoradio y a muchas denuncias (hay que decirlo, no sustentadas) de beneficiar a amigos en concesiones de servicios de autopistas. Si el Secretario ha permanecido en su cargo, es porque su jefe el Presidente así lo ha decidido. Ayer le dijo a Carlos Loret que sólo renunciará si Peña se lo pide y él estará encantado de haber servido 48 años al país. Cada error de este gobierno genera mucha indignación. Más indignación genera que los responsables no terminen, mínimo, sin trabajo. Son las ventajas de ser un buen amigo más que un buen funcionario. Columna anterior: Para el futuro, personajes del pasado