Así es como el Dr. David Kershenobich, uno de lo médicos más distinguidos de México, comienza su día: “Despierto de buen humor, me gusta llegar temprano al trabajo y planear lo que quiero hacer todas las mañanas. El mejor momento para idear es temprano, despertar, bañarse y pensar, soy optimista y positivo, lo cual me ayuda mucho en mi día a día”.
Esto es muy importante considerando la envergadura de los logros del doctor Kershenobich, una de las figuras más prolíficas de la medicina en México.
Fue director del departamento de Gastroenterología y del Instituto Nacional de Ciencias y Nutrición, presidente de la Fundación Mexicana para la Salud Hépatica, director de investigación en el Hospital General de México, y la lista de cargos, publicaciones y logros no cesa.
Lo primordial para conocer el secreto de su éxito es que realiza lo que le gusta y sabe lo que es posible y lo que no, pero, sobre todo, le apasiona su profesión y es fiel a la integridad y al compromiso con lo que hace.
El doctor aprendió el valor del trabajo desde muy joven, mientras estudiaba la preparatoria trabajaba por la mañana y estudiaba por la noche. Lo inspiró el hecho de tener la oportunidad y asumirla, y aunque esa época ya fue hace muchos años, él piensa que los jóvenes mexicanos tienen esa misma oportunidad hoy en día.
Asimismo, el doctor se guía mucho por su intuición en el trabajo, siguiendo la teoría de Maimonides, quien dijo que “Para ser un buen médico necesitas tener intuición”, y esta frase lo ha guiado durante décadas, y regresa a ella cada vez que surge un problema o conflicto. Su instinto siempre le dice que ante los retos o adversidades se mantenga tranquilo, toma un minuto de calma, rara vez se enoja, porque eso no le llevaría a nada y le impediría encontrar la solución.
Es de las personalidades más emblemáticas e inspiradoras del país, pues crea escuela a donde va.
Por Rocío Marfil
Foto: Especial
MAAZ