Martha Bernays, el amor de la vida de Sigmund Freud y su inspiración científica

Martha Bernays, el amor de la vida de Sigmund Freud y su inspiración científica

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, es una de las figuras más reconocidas en todo el mundo, pues fue uno de los intelectuales más importantes del siglo XX.

Muchos conocen sus estudios en dicha materia y en neurología; sin embargo, pocos conocen a quien lo acompañó desde los 25 años: su esposa Martha Bernays, quien era cinco años más joven que él.

A pesar de la importancia de Bernays en la vida de Freud, los estudiosos nunca le prestaron la atención debida. Fue hasta décadas después que la escritora Katja Behling-Fischer redactó su biografía a partir de archivos familiares.

La importancia de Martha Bernays en la vida de Freud

La biografía describe a Martha como una mujer enérgica que, al igual que su marido, se adelantó a su tiempo. Lo inspiró tanto en el ámbito privado como en el profesional y su relación revela a un Freud muy alejado del estereotipo del ecuánime pionero del psicoanálisis.

Lo apoyo desde el momento en que él experimentó con la cocaína. Él le envió algunas dosis y ciertas instrucciones tras descubrir que a él le hacía sentirse eufórico. Ella le respondió que no la necesitaba, pero que la había probado y que no le había disgustado. Ninguno de ellos se volvió adicto a la sustancia.

A pesar de este gusto, no fue igual con el sexo; ella fue la razón por la que se convirtió en psicoanalista, pero siempre describió su trabajo como "pornografía".

Si Freud no hubiera conocido a Martha, posiblemente nunca habría elegido una carrera científica y mucho menos perfeccionado el uso de la cocaína en la medicina.

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¿Quién fue Martha Bernays?

Nació en el año de 1861, fue la segunda hija de una familia judía ortodoxa de renombre. Su abuelo era el rabino más importante de Hamburgo, y su madre, Emmeline, una ferviente religiosa.

Cuando Martha cumplió 8 años, su padre, que vendía espacios publicitarios en los periódicos locales y comerciaba con bonos, fue encarcelado por impago a sus acreedores. Le dejaron libre diez meses después, ya que su familia no podía sobrevivir sin su ayuda. Su antiguo jefe aceptó volver a contratarle, pero con la condición de que se mudara a Viena para trabajar en una filial del negocio.

En 1882 conoció al psicoanalista y de acuerdo con la biografía, fue un "amor a primera vista". Tras realizar los cortejos de la época, ella accedió a casarse con él en 1886. Tuvo tuvo seis hijos en los ocho años posteriores al matrimonio.

Falleció el 2 de noviembre de 1951, a los 90 años. Al igual que Freud, fue incinerada, y sus cenizas depositadas en la misma urna en el crematorio de Golders Green.

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Con información de El Mundo

lhp


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