CLARABOYA

Pedro y el lobo

México atraviesa una situación por demás compleja. Haciendo un ejercicio de retrospección, estos últimos años

OPINIÓN

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Azul Etcheverry / Claraboya / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: FOTO: Especial

México atraviesa una situación por demás compleja. Haciendo un ejercicio de retrospección, estos últimos años han supuesto una serie de retos cada vez más complejos bajo un contexto histórico trascendental, como lo representa una pandemia que vino a cambiar de fondo nuestra preconcepción de la realidad. En ese sentido, hoy el mundo atraviesa una inflación histórica que encarece los productos básicos, la interrupción en las cadenas de producción genera escasez de bienes y servicios, afectando todos los sectores productivos.

Desafortunadamente, esta situación límite ha ido acrecentando las brechas sociales, económicas, políticas e incluso ideológicas. Son estos momentos de apremio en donde los liderazgos se vuelven significativos para dar esos golpes de timón cuando son más necesarios. Tras un proceso electoral de más de doce años, Andrés Manuel López Obrador, rindió protesta como uno de los presidentes con mayor legitimidad en la historia de México. La población harta del sistema partidista tradicional cedió sus esperanzas de cambio en quien se esperaba transformara la vida pública del país, sin embargo, los ideales pronto cambiaron a dolorosas realidades.

Han bastado poco más de dos años para darnos cuenta de que, aquel presidente que llamó a la reconciliación en ese discurso histórico en el zócalo capitalino verdaderamente demostró que su estilo de gobierno es el autoritario, diferenciándose del periodo hegemónico que le precedió a partir de una aproximación más “personalizada”, sin esa institucionalización a la que en algún momento mandó al diablo vehementemente.

La forma en que gobierna refleja su personalidad y su percepción del poder, desde su pasión por la historia hasta su necedad de vivir en ella, siempre con un talento comunicativo que nos ha permitido conocer sus filias y fobias hasta el punto del hartazgo. Desde su visión, el pueblo es un ente homogéneo de una sola voluntad que sólo él sabe interpretar.

Su desprecio por el “aspiracionismo” neoliberal y su centralización del poder está llevando al deterioro a una amplia gama de aspectos de la sociedad. Entre calumnias, acusaciones y otros distractores, temas torales como la cifra histórica de asesinatos, feminicidios y desapariciones que no le merecen la mínima empatía hacia víctimas y sus familiares, la violación sistemática de los derechos humanos, la profunda crisis en el sector salud, los ataques constantes contra la iniciativa privada, periodistas, ecologistas, académicos, científicos y ahora la comunidad religiosa del país, en quien tanto se apoyó durante sus años como opositor, además de un largo etcétera de quienes critican sus formas desprolijas e improvisadas de enfrentar las deficiencias.

Tristemente, desde la perspectiva del presidente López Obrador “es muy fácil gobernar, no tiene mayor ciencia”, con ello demerita la capacidad de la población de organizarse y exigir verdaderas soluciones, ya que al recaer todo sobre el ejecutivo nacional quedan pocas alternativas al alcance de la gente para acceder a sociedades más equitativas, informadas e independientes.

Es nuestra obligación establecer los temas prioritarios de la agenda pública y exigir resultados en todos los niveles de gobierno, no sólo al presidente, que como bien dijo en su momento, ya no se pertenece, es de nosotros…

POR AZUL ETCHEVERRY
AETCHEVERRYARANDA@GMAIL.COM 

@AZULETCHEVERRY

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