COLUMNA INVITADA

Diplomacia mexicana en riesgo

No deben caer el Senado ni el Presidente en confusiones en lo que respecta a lo político y la política, mandando representantes sin preparación suficiente

OPINIÓN

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Eduardo Macías Garrido / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que designaría al gobernador saliente de Sinaloa, Quirino Ordaz, como embajador de México en España, quien remplazaría a María del Carmen Oñate Muñoz, diplomática de carrera desde 1979. Por cierto, la hoy todavía embajadora presentó sus cartas credenciales ante el rey Felipe VI hace menos de un año.

No debe causar extrañeza esta propuesta, recordemos el caso de Josefa González Blanco, exsecretaria del gabinete presidencial, nombrada embajadora en Reino Unido. Personajes, ambos, sin experiencia en el Servicio Exterior.

Qué decir de Blanca Elena Jiménez, una ingeniera ambiental, designada embajadora en Francia. De igual manera tenemos el caso de Esteban Moctezuma, sin experiencia diplomática, designado embajador en Washington.

Esto demuestra desprecio por el servicio diplomático, además de ser un golpe al Servicio Exterior Mexicano. Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España son las cuatro principales embajadas de México en el exterior.

El Servicio Exterior se integra por personal de carrera, temporal y asimilado. De conformidad con la ley, el personal de carrera es permanente y su desempeño se basa en principios de preparación, competencia y capacidad, a fin de establecer un servicio profesional para la ejecución de la política exterior de México.

Las embajadas no deben ser objeto de acomodos políticos, por eso existe el Instituto Matías Romero, academia diplomática de México creada en 1974 por la Secretaría de Relaciones Exteriores con el propósito de formar y capacitar a los diplomáticos mexicanos.

Precisamente, una de sus funciones es coordinar los procesos de evaluación académica en los concursos de ingreso y ascenso del Servicio Exterior Mexicano.

Dudo mucho que la cónsul de México en Estambul, Isabel Arvide, cuente con los méritos suficientes para el cargo. Es mejor conocida por sus comentarios políticos críticos, sus novelas, poesía erótica, crónica y entrevistas.

Los anteriores nombramientos lastiman a un personal diplomático de años, preparado y capacitado para representar adecuadamente a nuestro país. La diplomacia mexicana se fortalece con nombramientos como el de Martha Bárcena, exembajadora de México en Washington, con experiencia y méritos para, incluso, haber sido canciller. No con designaciones producto de ocurrencias y politiquerías. De manera que se genera un desequilibrio y diferencias en el desempeño entre los embajadores de carrera y los de extracción política.

No deben caer el Senado ni el Presidente en confusiones en lo que respecta a lo político y la política, mandando representantes sin la preparación suficiente, sólo por el hecho de ser políticos en busca de un acomodo.

El encargado de la política exterior debe encaminarse a ver por los intereses del país, y no como el político que define su carrera diplomática más orientada a un deber político que diplomático. Lamentablemente, hoy poco ha podido hacer nuestro canciller ante tales caprichos presidenciales.

POR EDUARDO MACÍAS GARRIDO

COLABORADOR

@EDUARDO84888581

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