LA NUEVA ANORMALIDAD

Crisis de identidad

La identidad de género no binaria es sin duda una elección respetable; no leerla correctamente cuando los signos exteriores responden a un constructo cultural tenido por femenino no constituye, sin embargo, agresión

OPINIÓN

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Nicolás Alvarado / La nueva anormalidad / Opinión El Heraldo de México

Nunca me han parecido los baños públicos lugares para socializar, fenómeno que se ha visto acendrado por la pandemia, con su alerta sanitaria y su vocación solitaria (cuando menos en mi caso).

Así, mientras me lavaba las manos en el baño del aeropuerto, mantenía la vista baja. Tanto que, cuando se acercó el extraño, lo único en que pude reparar fueron sus botines de cuero café, que me gustaron. Menos me gustó su presencia junto a mí –se distraía con su teléfono mientras aguardaba a alguien– por la sencilla razón de que imposibilitaba mi acceso al dispensador de papel secante. Así, me decidí a hablarle, y levanté la vista para toparme con un rostro de raza negra.

(Se impone aquí una aclaración. ¿Por qué no digo “afrodescendiente”? Porque en estricto sentido lo más probable es que lo seamos todos. Porque yo lo soy más que muchos –tengo los parientes negros y mulatos (si es que la palabra me es todavía permitida) para demostrarlo– aun no parezco negro… aunque tampoco blanco ni indígena. Afrodescendiente es un término altamente impreciso; negro es preciso y, al menos proferido por mí –que incluso lo soy en parte–, no es derogatorio).

Vi un rostro negro, pues, y asumí que no era mexicano ya sólo por el color de su piel. Así, en mi intento por comunicarme, le prodigué un “Excuse me”, que no asumía el su lengua materna sino la lingua franca. “No, al contrario: perdón”, me respondió en perfecto español –en el que creí detectar un acento chilango– miientras se hacía a un lado para franquearme el paso.

Al salir yo intercambiamos sonrisas, que me hicieron celebrar el encuentro. Supongo que el hombre, ostensiblemente mexicano, está acostumbrado a que la gente lo tenga por extranjero en razón del color de su piel. Al responderme en español, asumió que esa era mi lengua materna, lo que también constituye una presuposición, igualmente neutra y, en su caso, acertada. Si me dedicó él también una sonrisa al despedirnos fue en reconocimiento inconsciente a mi buena voluntad: me equivoqué al tratar de adivinar su identidad a partir de signos externos pero no hubo juicio de valor en mi identificación.

El episodio me recordó el reciente y polémico de la persona que prorrumpió en llanto en una clase virtual al ser llamada “compañera” (y no “compañere”) por otra presente en la sesión. La identidad de género no binaria es sin duda una elección respetable; no leerla correctamente cuando los signos exteriores responden a un constructo cultural tenido por femenino no constituye, sin embargo, agresión.

Niño en los 70, llevaba aquel corte de pelo unisex, a lo Príncipe Valiente, entonces tan de moda. Con frecuencia la gente le decía a mi madre “Qué linda su niña”. La lectura era errónea pero no había dolo. Me habrá provocado un entripado pero de ninguna manera un trauma.

POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
@NICOLASALVARADOLECTOR

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