COLUMNA INVITADA

Y Colón, Colón… y sus hijos Cristobalitos

El presidente justificó el nuevo monumento diciendo que se trataba de una Cabeza Olmeca, “pero estilizada”, con lo que atizó el fuego

OPINIÓN

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Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Se removió la estatua de Colón; unos dicen que para restaurarla, otro que por motivo de las disputas de quienes asumen que su presencia en Reforma reproduce y justifica la empresa colonial. Las autoridades decidieron -unilateralmente- reemplazar el monumento por otro. Y, como siempre ocurre desde el poder, les pareció genial, reivindicador, sustituirla por una mujer indígena (maravillosa abstracción) que muestre el poder “de la madre tierra” y reivindique la lucha y la resistencia (otra maravillosa intención de bienpensantes).

Hay que aplaudir el hecho de que se cuestione la escultura conmemorativa, hay que promover la reparación simbólica -siempre y cuando no sea sustituto de reparaciones reales, por supuesto. Lo que ha provocado la nueva escultura de Pedro Reyes llamada Tlalli, era de esperarse. El escultor ha pecado de ingenuidad y se ha dejado arrastrar por un proyecto que estaba llamado desde su inició al fracaso. El presidente justificó el nuevo monumento diciendo que se trataba de una Cabeza Olmeca, “pero estilizada”, con lo que atizó el fuego.

Reyes justificó su empresa diciendo que se trataba de una interpretación de una Cabeza Olmeca, la primera (sic) femenina, olvidando la encontrada en Teotihuacán, por ejemplo. Luego dijo que era una empresa “colectiva”, intentando salvar el pellejo por el carácter “comunitario” del monumento. No hay manera de hacerlo. El martes Claudia Sheinbaum declaró que la escultura de Reyes ya no se haría, presumimos que el artista decidió retirarse del proyecto. El daño, sin embargo, ya está hecho.. El escritor Edgardo Bermejo ha propuesto que se revise la obra del chileno Andrés Durán que cuestiona interviniendo fotográficamente los monumentos su pertenencia (https://www.michaelhoppengallery.com/artists/154-andres-duran/overview/)

Es fundamental revisar hoy el uso del monumento en el discurso nacionalista y cuestionar la pertinencia de un nuevo monumento en el antiguo Paseo de la Emperatriz. Sustituir a Colón podría haberse hecho dejando el pedestal vacío, como gesto estético y político. Tlalli invisibiliza y despolitiza la lucha de las mujeres indígenas estos 500 años, como ha demostrado Yasnaya Elena. Hace algo peor, escribe el presente desde la misma matriz colonial que nos impide pensar distinto. Desde la triple colonialidad del poder, del saber y del ser. En Mozambique, como recuerda Felipe Lomelí quitaron todas las estatuas de los invasores y las pusieron en un museo para reflexionar sobre la historia colonial.¿Cómo decolonizar el monumento? ¿Cómo repensar la reparación simbólica sin incluir la lucha por la tierra en un contexto donde el capitalismo extraccionista sigue destruyendo el espacio físico y cultural de los pueblos originarios? Sustituimos a Colón con un monumento a la mujer indígena -sin apelación a su etnicidad específica-, supuestamente estilizando sus rasgos, es decir occidentalizando su belleza, mientras más de 65 activistas y defensores de la tierra han sido asesinados en nuestro país.

Hay quien se rasga las vestiduras diciendo que eliminamos nuestra “hispanidad” retirando a Colón sin reconocer el genocidio, la tortura y la esclavitud a los que sometió en vida el almirante a quienes colonizó. No se trata solo de cuestionarlo a él, sino a la empresa misma. Mientras sigamos llamando a España madre patria, poco entenderemos la necesidad actuar de replantear el papel del colonialismo en nuestro país y continente. Sin embargo, pedirle a España que pida disculpas no resuelve nada. Es en nuestro territorio donde tenemos que pasar de la reparación simbólica al hecho mismo de regresar la tierra robada, principio mínimo de diálogo. Las mineras, el extractivismo e incluso el trasiego de droga impide que ese mínimo común múltiplo desde el que iniciar un diálogo poscolonial sea posible, ocurra. Todo lo demás son actos demagógicos. A un gobierno al que le fascinan las consultas se le olvidó consultar, por otro lado, con qué sustituir a Colón. Se le otorga a un artista hombre, cisgénero, mestizo, el privilegio de representar, nuevamente, lo femenino indígena y el proyecto nace lleno de problemas graves de interpretación que nos recuerdan el racismo vasconcelista de La raza cósmica, la idea unificadora de un único México, como de un único pasado indígena. Somos un país pluriétnico, plurilingüístico, plurinacional. Hasta que lo entendamos todos estos actos públicos son de un trasnochado que da miedo. Es momento no de hacer esculturas, sino de discutir.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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