DE LEYENDA

Tokio 2020

Es bueno saber que hay medallistas en otros países, de un rango amplio de edad, de todos los colores y extractos sociales, en nuevos deportes

OPINIÓN

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Gustavo Meouchi / De Leyenda / Opinión El Heraldo de México

Cada cuatro años, desde hace más de un siglo, estamos al pendiente de los Juegos Olímpicos. Como en tantas cosas, cada vez es más fácil seguirlos. Nos paramos temprano o nos desvelamos para ver las transmisiones, o las seguimos en diferido.

Es un gran evento que recuperamos de la antigüedad. “Más alto, más rápido, más fuerte”. Así se decía antes y hoy miramos a los atletas en nuestras pantallas y nos emocionamos de todo lo que pueden hacer con su cuerpo, de todo lo que, en teoría, nosotros podemos hacer con el nuestro.

“Mente sana en cuerpo sano” es otro axioma que recuperamos con el evento y en esta emisión eso parece más importante que otra cosa. Y es que no estamos en 2021, hemos detenido el tiempo y lo hicimos regresar al año pasado, a cuando estábamos encerrados.

A ese punto en el que más necesitábamos que nuestros cuerpos estuvieran fuertes y sanos, que nos respondieran, nos rescataran y resistieran. Y aquí estamos, viendo a los atletas que han trabajado toda su vida para llegar ahí y ganar.  Hay caras y nombres nuevos, muchos. Nunca había escuchado de Ahmed Hafnaoui.

Y, cuando pienso en natación, Túnez jamás viene a mi mente. Y este chico de 18 años se llevó el oro en los 400 metros libres y nos conmovió verlo con lágrimas en los ojos mientras izaban la bandera de su país y entonaban su himno nacional.

Nos llenó también de emoción el triunfo de la ciclista Anna Kiesenhofer, matemática de profesión, quien a sus 30 años venció en la prueba de ruta, sorprendiendo incluso a sus oponentes que jamás pensaron que la austriaca había hecho la escapada.

Y ahí está Simone Biles. Nadie duda que es la mejor, ni que puede ganar de lejos cualquier competencia. Ella es la reina de la gimnasia y ahora está teniendo un colapso nervioso. No es totalmente nuevo. Los mejores llegan a fallar a veces; muchas medallas se han perdido en un segundo de duda, de pérdida de confianza, el fallo está a sólo una respiración. Ellos lo saben.

Cuando nuestras clavadistas, Alejandra Orozco y Gabriela Agúndez, sonrieron ante la falla de las otras competidoras, esa pequeña falla que les aseguró el bronce, el mundo entero estuvo ahí, y a todos nos resonó algo dentro.

Todos queremos ganar, todos sabemos que perder se siente horrible; todos deseamos ir más allá y todos hemos sentido ese miedo, el de quedarnos cortos, el de no ser suficientes, el de no llegar en el último segundo.

Pero cuando vemos a los atletas, esos que hacen cosas que nosotros no podemos hacer, pensamos que a lo mejor a ellos no los afecta de la misma forma; incluso sentimos que no debería afectarlos de la misma forma. Pero lo hace, y es tiempo de tomar ejemplo.

Podemos salir a caminar más, desempolvar los tenis y el balón e incluir una pequeña rutina de ejercicio y, sobre todo, prestar atención a nuestra salud mental. Y es que si ellos están quebrándose ante el aislamiento, la presión, la falta de público; si aquel impulso que los ha hecho trabajar años y años ahora los está sacando de sus casillas, nosotros también somos vulnerables; a nosotros o a alguien a quien amamos también le puede pasar.

Faltan muchos días de Juegos Olímpicos, habrá más sorpresas, y el mapa de los mejores tal vez cambie. Es bueno saber que hay medallistas en otros países, de un rango amplio de edad, de todos los colores y extractos sociales, en nuevos deportes. Disfrutemos y, sobre todo, aprendamos, estemos alertas, cuidémonos.

POR GUSTAVO MEOUCHI
COLABORADOR
@GMOSHY67

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