CAMPUS

Por mi raza hablará el espíritu

Hay que impedir que la máxima casa de estudios se transforme en una Universidad del Bienestar Benito Juárez y sucumba a las tentaciones autoritarias

OPINIÓN

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Alejandro Echegaray / Campus / Opinión El Heraldo de México

Hasta el motto de la UNAM es anacrónico. ¿Se puede hablar de razas? ¿Y en México de una sola? ¿La investigación científica da cabida a la creencia en espíritus? ¿O incluso en la filosofía hay un espacio universitario para un espíritu absoluto? En cualquier caso, la UNAM ha sido un “game-changer” para millones de mexicanos que han podido avanzar en la escala social para abandonar las filas de la pobreza y engrosar las de la -ahora mermada- clase media. 

Derivado de los ataques de la jefa de Gobierno a su alma mater, miembros del extinto CEU le recordaron sus años de activismo estudiantil. Les causó sorpresa a sus correligionarios de antaño que su condición de delfín presidencial y la seducción del poder la hayan llevado a ensañarse con su propia universidad sólo para ganar algunos puntos con su jefe. Sin embargo, el reclamo es infundado.

La resistencia que  encabezó el CEU frente al rector Carpizo y que se transformó en el movimiento estudiantil más relevante de la década de los ochenta del siglo pasado fue autoritaria y tuvo liderazgos que se alejaron de manera dogmática de las prácticas democráticas y liberales. El esfuerzo de un grupo de estudiantes por frenar procesos de selección competitivos, cuotas razonables y medidas que hubieran modernizado a la UNAM no mejoró su oferta académica, por lo menos en el área de las humanidades.

El CEU y sus célebres integrantes se opusieron a la renovación de los planes de estudio, impidieron que esta universidad se adecuara a las necesidades de su época y el mercado laboral, o que se incluyeran materias que dotaran al estudiantado de habilidades cuantitativas, por ejemplo. Gracias al empecinamiento del CEU y su denuedo por anclarse a visones anacrónicas en los cursos de teoría política y economía política se centran exclusivamente en promover las ideas plasmadas en el Capital I, II y III. Los planes de estudio en Ciencia Política y carreras afines no otorgan las competencias para llevar a cabo investigación o poner en marcha políticas basadas en evidencia empírica o en el estudio de casos.

El CEU fue el semillero de políticos que engrosaron las filas del PRD que mutó en Morena y que se ha nutrido también del radical y autocrático CGH. El CEU surgió en septiembre de 1986 y tuvo la hegemonía de la representación estudiantil por 13 años, hasta que lo sofocó el radicalismo del coctel molotov donde convergían el marxismo-leninismo con el maoísmo más recalcitrante.  Y por los escarceos con el PRD y los gobiernos emanados de la izquierda.

Sheinbaum y su jefe le deben a la UNAM y al CEU —no sólo por la ideología que se inculca en sus aulas— el triunfo del morenismo en el país. Pero ahora que reniegan de sus apoyos, que les exigen idolatría absoluta antes que un juicio racional y crítico, se abre un buen espacio para replantear el rol político y académico de la universidad. Hay que impedir que la máxima casa de estudios se transforme en una Universidad del Bienestar Benito Juárez y sucumba a las tentaciones autoritarias de la burocracia obradorista. Pero lograrlo implica que antes generemos una conversación y debate en torno a la UNAM y las mejoras necesarias en su oferta educativa.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO
@AECHEGARAY1

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