¿Un movimiento clandestino en los EU?

La irrupción de la multitud en el icónico edificio acabó con la muerte de cinco personas, incluso una mujer y un agente de la policía del Congreso

¿Un movimiento clandestino en los EU?
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

De acuerdo con un reporte, Donald Trump planea dedicar sus últimos días como Presidente a subrayar lo que considera como su legado, incluso un viaje a la frontera con México para presumir de la parcialmente construida valla que promovió entre los dos países.

Esa barda es, en gran medida, el símbolo del gobierno Trump. Un proyecto inconcluso, inútil, costoso, políticamente divisivo aún dentro de Estados Unidos, pero que retroalimenta los intereses y  preocupaciones de sus seguidores, quizá 33 por ciento de los estadounidenses.

Trump y sus partidarios más fieles se encuentran ahora, más como consecuencia de sus acciones que por su protagonismo habitual, en el centro del huracán político estadounidense. 

Para dos terceras partes de los estadounidenses, Trump y sus seguidores no son los héroes que ellos creen que son, sino los villanos de lo que ahora se presenta como un atentado contra la democracia estadounidense: la invasión del edificio del Capitolio, el pasado miércoles, luego de que el propio mandatario azurara a una turba predispuesta a la pelea, ansiosa de presionar de todas las formas posibles a miembros del Congreso y obtener el triunfo que se les negó en las urnas el 3 de noviembre.

La irrupción de la multitud en el icónico edificio acabó con la muerte de cinco personas, incluso una mujer y un agente de la policía del Congreso.

Pero también dio la apertura para que "el sistema" comenzara a cobrarse las ofensas que Trump y sus seguidores le infligieron desde 2016.

Muchos republicanos tradicionalistas que están o estaban de acuerdo con Trump recularon ante lo que les parecía una violación de los principios esenciales de la política estadounidense, como el respeto a los resultados electorales o la posibilidad de una transición ordenada del poder.

Esa postura, sin embargo, fue tomada como "traición" por Trump y sus seguidores, que se quejan de fraude electoral. No es nuevo. Ya en 2016, Trump se quejaba de que había perdido el voto popular porque los demócratas usaron votantes ilegales, y ahora no sólo repitió el alegato sino aumentó incluso su volumen.

Para Trump podría ser un tema de ego. Para sus seguidores, representa un sistema adverso, uno insensible a sus problemas y sus temores sociales y económicos, responsable del percibido declive económico de los EU y la creciente influencia de grupos étnicos y formas de pensar "socialistas".

La tragedia es que 20 o 30 millones de estadounidenses mantienen esa idea, y que pueden o no mantener su fe en Trump, pero ahora se sienten asediados.

De acuerdo con Jim VandeHei, de AXIOS, los EU se dividen ahora entre demócratas, republicanos y republicanos de Trump, parte de los cuales "cancelados por Twitter y muchos otros, recortan sus lazos con las realidades de otros Estados Unidos, básicamente se van a la clandestinidad".

Trump puede irse. El problema se queda.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1 


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