Rimas en la historia

El extremismo que irrumpió en el Capitolio el pasado 6 de enero, también se ha sembrado en México y América Latina. Es preciso tener cuidado con estos predicadores de pseudociencia política

Rimas en la historia
Rodrigo Guerra López / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Se suele atribuir a Mark Twain la frase: “la historia no se repite, pero rima”. El tiempo no es un círculo, pero la condición humana es así de constante que parece generar escenarios similares en momentos y lugares diversos. Cuando estudié en la adolescencia la historia de la II Guerra Mundial comencé a preguntarme cómo fue posible que un pueblo culto respaldara tan mayoritariamente a un líder autoritario, como lo fue Adolf Hitler

¿Cómo logró el Führer que tantas personas “no vieran” los riesgos de su propuesta geopolítica, de su autoritarismo, de su peculiar teoría de la conspiración (la “Revolución mundial” es comandada por un grupo secreto judío que busca destruir a la civilización occidental)? 

Al leer, años después, a Hanna Arendt, a René Girard y a otros que han intentado incursionar en las entrañas de la banalización del mal y la manipulación social a gran escala, logro descubrir que detectar los resortes sociales que disparan los miedos profundos de una sociedad, sobresimplificar las realidades complejas, crear chivos expiatorios, y manipular la sensibilidad religiosa de la gente, parecen ser recursos eficientes para lograr objetivos estratégicos, tanto ayer como hoy, en los ambientes extremistas.

Hace unas horas tuve la oportunidad de ver una entrevista a Jack Angeli, el fanático seguidor de la teoría de la conspiración QAnon, que ingresó al Capitolio, en Washington, el 6 de enero con un tocado de aire vikingo. En unos cuantos minutos logra sintetizar toda la información conspiracionista que ha circulado tanto en Estados Unidos como en América Latina —especialmente entre grupos católicos— respecto a los orígenes “secretos” del “Nuevo Orden Mundial”. 

Con estas ideas en la cabeza y el corazón, tanto él como muchos de sus cofrades, irrumpieron violentamente en el Capitolio, uno de los símbolos más importantes de la democracia norteamericana. Angeli resultó ser un exponente emblemático del irracionalismo neopagano de ultraderecha que infiltra al Partido Republicano, a muchos cristianos católicos y protestantes conservadores, y a una parte importante del movimiento pro-vida en la Unión Americana.

En la Alemania nazi existieron este tipo de personajes. No eran Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Herman Göring o Joseph Goebbels, sino eran divulgadores de la basura ideológica creada para exacerbar los ánimos y justificar violencias indecibles. Estas personas, vehicularon las ideas y las hicieron accesibles al gran público. Mucha gente buena quedó desorientada y confundida haciendo suya una ideología perversa. 

De una manera análoga, hoy, tanto en Estados Unidos como en América Latina, existen este tipo de personajes, muy activos en YouTube, Facebook y Twitter. Sólo ellos son valientes y atrevidos. Y por supuesto, Donald Trump, y quienes se parecen a él, son sus modelos y adalides. 

Es preciso tener cuidado con estos predicadores de pseudociencia política. Tácita o explícitamente invitan a descarrilar procesos de consenso social delicados, como la creación de un frente amplio opositor en tiempos de la 4T. 

Hacen creer que el extremismo y la irracionalidad son recursos legítimos para “combatir” al error con supuesta valentía. 

Así lo hicieron Trump, Bannon y Viganò en Estados Unidos. Que nadie lo haga así en México o en el resto de América Latina.

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)
RODRIGO.GUERRA@CISAV.ORG


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