Breve retrato de Mussolini

En sus días de gloria, Mussolini tuvo una popularidad inequiparable, que se explica por un par de cosas que sin duda sabía hacer, y que le aprendieron sus discípulos populistas

No fue su intención, pero con la referencia a Mussolini, el presidente logró traer de nuevo a la discusión pública al que merece ser considerado como un padre fundador de estos tiempos rascuaches, estridentes y autoritarios. Estos tiempos, pues, de populismos.

Cuesta trabajo, desde aquí, hacerse una idea del poder de seducción que tuvo aquel tiranuelo. Después de todo, murió en la ignominia, colgando de los pies luego de ser fusilado por una célula comunista, derrotado en todos los frentes militares y convertido en un bufón, como tantos otros autócratas ahogados en su narcisismo. Pero no siempre fue así.

En sus días de gloria tuvo una popularidad inequiparable, que se explica por un par de cosas que sin duda sabía hacer, y que le aprendieron sus discípulos populistas.

Una de esas cosas era el uso compulsivo de los medios: su cara en el cine, pero sobre todo su voz en la radio, un sonido que se repetía por todas partes, todo el día, formaron parte de una estrategia de propaganda que supieron imitar muchos de sus pares latinoamericanos. Algo sabemos de eso en el México mañanero, aunque lo mismo puede decirse de Fidel Castro o de Chávez.

Otra cosa fue lo que Curzio Malaparte llamó la creación de una “divinidad artificial”: la promoción de la propia imagen como la de un ser infalible que dispone hasta los menores detalles en todos los ámbitos del gobierno, algo muy de Perón, por ejemplo, y que, en una versión bastante desmejorada, también nos toca ver por aquí. 

Muy exitoso en sus días, Malaparte merece ser leído. Las relaciones de los escritores con el fascismo fueron con demasiada frecuencia de franca veneración. 

En su momento, lo apoyaron dos de los poetas italianos más importantes, Gabriele D’Annunzio y el vanguardista Marinetti, pero también el gringo Ezra Pound o W. B. Yeats, el poeta nacional irlandés. 

Malaparte, muy, pero muy cercano a Mussolini, terminó por distanciarse de él, lo que le valió hasta cuatro periodos de cárcel. Ante el triunfo aliado, con tremenda caradura y con esa mezcla de vitriolo y lucidez ilustrada, intentó un lavado de cara con Muss (hay una versión en español, de Sexto Piso), un retrato breve y devastador, discutible a ratos pero, como hemos visto, con buenas ideas.

Apunto otras dos. La primera: que el fascismo es, directamente, un producto del catolicismo. Discutible y todo, esta idea entronca con lo que dice un experto en el populismo, el historiador italiano Loris Zanatta: que es un movimiento religioso secular de raíz jesuita. 

La segunda tiene que ver con el uso ventajosísimo que hace Mussolini del rencor, del resentimiento. Termino con una cita: 

“Siempre favoreció, por todos los medios, de manera sistemática y con todo tipo de complicidades, la degeneración del sentimiento de justicia revolucionaria en bajo sentimiento de venganza”. [nota_relacionada id=1253773]

POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
avv / rcb


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