El poder estadounidense en Medio Oriente: percepción y realidad

Irán se ha desvinculado de varios puntos del acuerdo de Viena, como el nivel de enriquecimiento de uranio y el número de sus centrifugadoras

La foto de líderes israelíes, bahreiníes y emiratíes reunidos en la Casa Blanca parece mandar el mensaje de que Estados Unidos sigue como una fuerza clave para la paz y la estabilidad en Medio Oriente.

La imagen resulta optimista sólo en parte y por un momento. A medida que el presidente Trump se acerca al cierre de su mandato, el futuro de Medio Oriente se relaciona con la percepción de gobiernos y sociedades en la región de que el poder estadounidense sigue en declive.

Esas percepciones, junto con nuevas dinámicas internas de cada país, están llenando el vacío.

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La influencia de Turquía se ejerce de tal modo en Alepo, Mosul, Trípoli, Doha y Mogadiscio, que algunos líderes árabes ahora consideran a ese país como una amenaza mayor que Irán para la estabilidad regional.

Mientras tanto, Arabia Saudí no sólo es impopular en Washington, sino que ha sufrido reveses en Yemen, Líbano, Siria, Pakistán. Abu Dabi ha tratado de distanciarse sutilmente de Arabia Saudita, a la par que retiró la mayor parte de sus tropas de Yemen en 2019; pero sigue involucrado en la guerra civil de Libia, donde respalda al general renegado Khalifa Haftar junto a Rusia.

Esa presencia en el sur del Mediterráneo provoca creciente ansiedad en el ejército estadounidense. También Emiratos fue el primer país del Golfo en reabrir su embajada en Damasco, con que impulsó al dictador sirio. 

Mientras tanto, Irán se ha desvinculado de varios puntos del acuerdo de Viena, como el nivel de enriquecimiento de uranio y el número de sus centrifugadoras.

Con todo, la República Islámica se encuentra debilitada; una prueba reciente es la misteriosa explosión en julio en el sitio nuclear de Natanz. Washington intensifica las decisiones unilaterales hacia ese país, con el riesgo de ampliar la brecha con sus aliados europeos. No sólo Rusia y China, sino Francia, el Reino Unido y Alemania se niegan a seguir con las sanciones a ese país.

La brecha también se nota en las políticas hacia Líbano: en tanto que Francia dialoga con el Hezbolá, Washington lo encasilla esencialmente como una organización terrorista. 

La percepción del declive estadounidense tiene menos que ver con las capacidades materiales de la gran potencia que con la incapacidad que de ésta perciben varios gobiernos (incluidos sus principales socios, Israel y países del Golfo) para asegurarles los resultados esperados de acuerdo con sus agendas de seguridad.

Quizá una transición administrativa pueda ofrecer, por lo menos, coherencia política en contraste con la agitación del mandato de Trump  [nota_relacionada id=1253546]

POR MARTA TAWIL

INVESTIGADORA EN EL COLMEX

ORBE@HERALDODEMEXICO.COM.MX

rcb


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