Dos Bocas, un barril sin fondo

La evolución del proyecto de la refinería de Dos Bocas es casi un relato perfecto del funcionar de este gobierno. Este proyecto tiene todos los elementos que han caracterizado a esta administración durante los últimos dos años: creencias falsas concebidas a partir de lugares comunes, promesas grandilocuentes que se enfrentan a la dura realidad, el capricho presidencial transformado en política pública rechazando cualquier tipo de evidencia o análisis técnico, la implementación inexperta a las carreras sin ningún tipo de planeación que conlleva a un inevitable fracaso, y, por supuesto, todo esto acompañado de una buena dosis de engaño, opacidad y material inagotable para chistes.

La idea de que México debe refinar su propio petróleo esta firmemente anclada en la mente del presidente hace décadas. Lo ha escrito y repetido hasta el cansancio. Los neoliberales con sus intenciones perversas de dañar a México decidieron abandonar la refinación para exportar todo el petróleo que producimos y así enriquecerse. Utilizando la metáfora de las naranjas y el jugo ha sido capaz de convencer a millones de mexicanos de este mito y dotar a sus voceros de muletillas (“¿Por qué hay tantas refinerías fuera en los países ricos?”). Pero los datos en este caso son incontrovertibles en esta materia. La refinación es un negocio de márgenes muy estrechos que incluso llegan a ser negativos. Prácticamente todas las grandes empresas petroleras del mundo se están deshaciendo de sus refinerías y en Estados Unidos no se construye una refinería grande desde 1977.

Para revertir este falso desfalco a la nación y poner fin a la larga pesadilla neoliberal era fundamental cambiar de rumbo drásticamente. Para lo cual hubo que hacer promesas absolutamente imposibles. En 2016, el hoy presidente afirmaba que en 2018 se habrían de construir cinco refinerías. Posteriormente, ya en media campaña presidencial cuando vieron que era muy probable que ganara y se enteróde cuanto costaba una refinería, la hoy Secretaria de energía prometía dos refinerías. Al final, estas grandes propuestas e ideas para transformar al país solo iban a ser un poquito de lo que prometimos durante años.

Una vez acotada esta gran transformación por las duras realidades del país, de todos modos, había que seguir adelante a pesar de que toda la evidencia apuntaba en la otra dirección. Primero el Instituto Mexicano del Petróleo dijo que la refinería era inviable. Esto le costo el puesto a un exdirector, para que posteriormente un nuevo director, ya comprometido con la transformación del país dijera que no había problema. Después, un análisis del IMCO (por transparencia aclaro que el que escribe estas líneas coordinó ese estudio) demostró que el proyecto de la refinería de Dos Bocas tenía 2% de posibilidades de tener un valor presente neto positivo, es decir de ser un proyecto rentable para el Estado mexicano.

Pero todas esas son consideraciones neoliberales que no le importana este gobierno. Este proyecto, como prácticamente todas las acciones de esta administración, no tiene porque estar sujeto a ningún tipo de análisis técnico ni de viabilidad financiera porque el presiente ha dicho y repetido que México necesita refinerías.

No se podía dar un paso atrás ni para tomar vuelo. A mediados del año pasado la Secretaría de Energía lanzo una licitación para contratar una empresa que administrara el proyecto en los tiempos y costos que el presidente había determinado. Como era de esperarse, estos costos y tiempos eran el resultado de fantasías y no de un análisis detallado. Todas y cada una de las empresas invitadas, que sobra decir que se dedican a esto, decidieron no participar. Ante esta situación, se decidió que la Secretaría de Energía, que nunca había construido una refinería en su historia, sería la responsable de llevar a cabo la administración del proyecto. La transformación no podía estar sujeta a los caprichos de empresas extranjeras que no ven por el bien de México.

Los eventos de las últimas semanas empiezan a dejar en claro lo que era obvio que iba a suceder como resultado de las prisas y la falta de planeación. El mismo Instituto Mexicano del Petróleo lanzó una convocatoria para que una consultora externa haga una evaluación del proyecto para determinar su factibilidad y ajustar los alcances de producción y tiempos de ejecución de esta obra. La convocatoria dice claramente que “Se requiere determinar el grado de desarrollo que tiene el alcance del proyecto, identificando cada uno de los elementos críticos con el fin de determinar posibles factores de riesgo”. Sobra decir que esto obviamente se debió de haber hecho antes de empezar el proyecto. Unos días después, la empresa KBR contratada para los paquetes 4 y 6 de la refinería decidió abandonar el proyecto.

Sobra decir que contratar una auditoría a una obra y que un contratista se retire suelen ser señales inequívocas de que las cosas no van bien. No se puede saber a ciencia cierta el avance de este proyecto porque no esta categorizado como un proyecto de inversión física en el presupuesto, sino como una inversión financiera. Por ende, la SHCP no reporta en sus informes al congreso el avance físico de la obra. Pero las fotografías que se han hecho públicas, y los mismos videos que presenta la Secretaría Nahle, muestran que la obra ya lleva un retraso importante. Como lo advertía el estudio del IMCO, el riesgo de que los costos de la obra se disparen es cada vez es más real. No olvidemos que Brasil terminó gastando 14 mil millones de dólares en una obra muy similar. [nota_relacionada id= 1252954]

Aunque podría parecer simpático que las fotos y videos en redes sociales parecen más las de un parque acuático que de una refinería y que la Secretaría Nahle nos de clases de orología y asegure que en un pantano los charcos se secan en media hora, en realidad es una tragedia. Esta obra faraónica pinta de cuerpo entero a un gobierno que se dedica a cumplir las ocurrencias del presidente donde nadie se atreve a cuestionarlo. Mientras el país atraviesa la peor crisis económica de su historia y millones de personas caen en la pobreza, el gobierno destinará 45 mil millones de pesos el año que entra a una obra que no hace ningún sentido aparte de producir un daño ecológico incalculable. Ojalá lo recién descrito sólo fuera la refinería. Pero no, Dos Bocas solo ilustra perfectamente el funcionamiento de este gobierno.

POR JORGE ANDRÉS CASTAÑEDA
COLABORADOR
@JORGEACAST
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