Periodismo anti-equipos

La obsesión de conseguir popularidad permite todo; decir una estupidez no es relevante, lo que importa es que ésta se convierta en tendencia en las redes

Nunca he estado muy de acuerdo con que exista un periodismo deportivo que se jacte de ser serio. El deporte profesional es un espectáculo, un entretenimiento, por lo que tratarlo con solemnidad me resulta absurdo.

Enfoquémonos en el futbol: digan lo que digan, es un juego. Analizar o comentarlo como si no lo fuera es un sinsentido. Hay muchísimos temas que requieren mucha delicadeza, los juegos no. Eso no quiere decir que el balompié no sea importante, las diversiones definitivamente lo son, ¿qué sería de la vida sin ellas?

No comparto que cuando se hable de futbol se pretenda que se está hablando de alta filosofía o política profunda, tampoco de la crisis económica o de los conflictos bélicos de algún lugar del planeta. Hacerlo es ir en contra de la esencia divertida de cualquier juego.

De ninguna manera pretendo que se tenga que manejar comedia para hablar de futbol, es simplemente darle el justo valor a las cosas, entender de qué es lo que estamos hablando. Ser sinceros, no pretenciosos.

Hay varios comunicadores de futbol que se venden como “serios”; está bien, allá ellos, no le hacen mal a nadie. Con lo que de plano no estoy de acuerdo es con aquellos que navegan con bandera de solemnidad, pero con la intención de ganar popularidad, optan por el escándalo simplón, por la agresión, por la violencia verbal, por la burla hiriente, convirtiéndose en auténticos personajes dos caras que, a final de cuentas, de periodistas no tienen nada.

Una tendencia creciente, alarmantemente creciente, en la de estos supuestamente serios periodistas deportivos, que no van más allá de sacar cifras de internet, es la de agarrar a un equipo popular para tundirlo, mofándose de él, descalificándolo subjetivamente, maximizando sus derrotas y minimizando sus victorias.

Agarrarse a un equipo como su gran enemigo, sin el menor esfuerzo de ser objetivo, da muy buenos dividendos, principalmente en estos tiempos en los que las efímeras repercusiones en las redes sociales, y la aparente fama virtual, parecen ser todo.

La obsesión de conseguir popularidad permite todo; decir una estupidez no es relevante, lo que importa es que ésta se convierta en tendencia en las redes.

Así como un niño sonríe después de ver que sus golpes destrozaron impunemente un juguete, el supuestamente serio periodista deportivo, convertido en personaje enemigo de un equipo de futbol, goza de ver cómo sus agresiones lo convirtieron en una tendencia, en un trending topic, por unas cuantas horas. [nota_relacionada id=1242450]

POR PONCHO VERA

ALFONSO_VERA@HOTMAIL.COM

@PONCHOVPOF

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