"24 horas"

Lo malo de los días es que solo duran 24 horas. Y, a veces, lo bueno también.

Ya sea por una conjunción astrológica, o porque te levantaste con el pie izquierdo, hay días en los que uno desea, en el fondo de su corazón, haberlos pasado con los ojos cerrados.

Revisaba un archivo fotográfico con fines profesionales y me encontré con imágenes de años atrás cuando viajaba mucho con el programa de televisión para el que trabajé durante 14 años.

Una vez nos tocó transmitir desde Campeche. El itinerario semanal incluía distintos puntos del estado, con lo cual, el tercer día nos tocó trasladarnos a Champotón. En ese entonces hacíamos dos versiones del programa, una que grabábamos primero para Estados Unidos y la versión en vivo para todo México.

Era mitad de semana y el día comenzó perfecto, soleado, brillante, caluroso. Desde temprano nos trasladaron a la locación para comenzar más temprano de lo habitual puesto que al final de la jornada tomaríamos carretera para llegar por la noche a Ciudad del Carmen.

Ese día cambió el orden de grabación y comenzamos primero con el programa de México. Parecía que iría todo con normalidad cuando empezó a soplar un viento bastante furioso que tumbó parte de la escenografía en un momento. Un jarrón alto que estaba justo detrás de mí con unos palos de bambú enormes, fue derribado por el ventarrón impactando uno de los palos contra mi cabeza. Pareció como un toque de una mega varita mágica que nos echó un embrujo campechano porque, a partir de ahí, todo se empezó a descomponer.

Para la segunda grabación se nos posaron encima de la gran carpa del set unos nubarrones negros. Faltaba el último segmento pero la tormenta era de tal intensidad que no pudimos concluir el programa. Aún debajo de la carpa nos dejó empapados, y el viento impidió que el enlace micro ondas nos dejara seguir grabando. Así que hubo que parar y abortar la misión.

No sé en qué artes, tras haber pasado la mañana entera a la sombra de la carpa, terminé con la espalda y los hombros ardidos como si me hubiera tumbado cual lagartija al sol, así que ya dentro de la camioneta rumbo a Ciudad del Carmen iba incómoda entre el golpe del bambú en la cabeza y la inexplicable quemada.

Como no había pasado poco, de pronto, a medio camino, nos reventó una de las llantas de la camioneta ¿Qué más podía salir mal ese día? ¡Madre mía! Nos bajamos allí por un largo rato para reponer la rueda pinchada y seguir con el viaje. [nota_relacionada id= 1218246]

Allí mismo miré hacia un lado y pensé que la vida nos había recompensado el mal rato. Habíamos parado justo a un lado de una playa hermosa. El cielo se había limpiado y lucía azul con velos de nube. Ese día lo terminamos todos, menos Pedro Sola, con una infección en los ojos. Por suerte no hay mal que dure cien años ¡Ni días de más de 24 horas!

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI
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