La soberbia del fracaso

Antes de la pandemia, el gobierno desestimó la ayuda de exfuncionarios para integrar el Insabi

Ya todos estamos hartos de hablar del COVID-19. Sí, es cierto. Llevamos seis meses, algunos encerrados y otros no porque no pueden, en que la vida de México y del mundo gira en torno al maldito bicho. Pero, aunque se diga y se repita desde las homilías mañaneras o vespertinas que ya domamos la pandemia, la realidad es que llevamos una cordillera de picos y las cifras siguen siendo alarmantes. Aunque todos queramos dar vuelta a la página para ver hacia adelante, ocuparnos de cómo salir de la peor crisis económica que haya memoria y seguir con nuestras vidas normales, la dura realidad es que no estamos ahí. 

Aunque al régimen le guste congratularse que ha sido exitoso en su manejo de la pandemia y presume que será hasta un ejemplo para el mundo, los datos dicen otra cosa.

Es cierto que las comparaciones internacionales que miden la mortalidad, contagios o positividad son complejas por las diferencias metodológicas y de tamizaje en cada país. Sin embargo, sí hay un dato que permite hacer comparaciones y medir el desempeño de cada país. Este es el exceso de mortalidad o muertes en exceso desde que inició la pandemia. La medición es muy sencilla. Se observan cuantas personas pierden la vida de forma “habitual” viendo las estadísticas de los últimos años y se comparan cuántas personas han perdido la vida en lo que va de este año. Obviamente no todas estas “muertes en exceso” son de COVID. Algunas son en las contabilizadas y confirmadas, otras son personas con COVID que simplemente no se hicieron la prueba, y otras son las que perdieron la vida por otra causa, pero quizá no recibieron los tratamientos médicos necesarios por miedo de acudir a un hospital o por falta de disponibilidad.

El semanario The Economist publica un comparativo internacional de estos datos en su portal. Para el caso de México utilizan los datos publicados por Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel en Nexos semanalmente para la Ciudad de México. En este comparativo, la Ciudad de México sale en el primer lugar por un margen muy grande. En la capital se contabilizan 326 muertes en exceso por 100 mil habitantes al 8 de agosto. Para entender donde estamos parados, el segundo lugar es Perú con 169, poco más de la mitad. Animal Político ha reportado que para todo el país puede haber hasta 163 mil muertes extra al primero de septiembre. Eso representaría 126 muertes en exceso por 100 mil habitantes, lo que nos pondría en el infame tercer lugar solo por debajo de Perú y Ecuador.

Por si fuera poco, hace unos días un reporte de Amnistía Internacional señaló que somos el país donde más trabajadores de salud han muerto por COVID, un primer lugar indigno.

Ante esta situación catastrófica, porque no hay que engañarse eso es, un grupo de cinco exsecretarios y una exsecretaria de salud se dieron a la tarea de estudiar a fondo la gestión de la pandemia en México. Como resultado de este análisis, formularon 14 recomendaciones urgentes para intentar controlar la pandemia en nuestro país. Estas recomendaciones, que no buscan más que sacarnos del escenario inercial para salvar miles de vidas, son las correcciones claras y evidentes de que se requiere la “estrategia” del gobierno. Pasan por cosas de sentido común como: el mandato de usar cubrebocas, lanzar una campaña de vacunación contra la influenza estacional para evitar una sindemia, y lanzar un plan nacional coordinado desde el Consejo de Salubridad General que incluya los tres órdenes de gobierno y los sectores público y privado. Nada de esto es el hilo negro, son políticas basadas en evidencia y en lo que han hecho los países que han sido más exitosos y que aquí por una razón que nadie entiende no se ha hecho: pruebas, cubrebocas, ayuda económica para que la gente no salga de sus casas.

Más allá del fracaso de la estrategia actual evidenciado por los datos y de que cualquier funcionario decente habría renunciado al llegar al escenario que él mismo calificó como catastrófico, la respuesta del subsecretario Hugo López-Gatell a estas recomendaciones fue insólita. En vez de tomarlos en cuenta, invitar a los exsecretarios a un grupo de trabajo, o incluso rebatir con argumentos estas recomendaciones, utilizó su púlpito para burlarse. Ante la seguridad que le de el “magnifico trabajo” que él ha realizado y la “arrogancia de sentirse libre” se burló de todos sus antecesores e ignoró sus recomendaciones.

No es de sorprenderse con este gobierno. Antes de la pandemia desestimó la ayuda de exfuncionarios para la integración del sistema de salud resultando en el bodrio llamado INSABI. Ante la crisis económica que atravesamos el presidente decidió ignorar a las cámaras empresariales. Y ahora, el subsecretario de salud se burla de las recomendaciones de todos sus exjefes. Pareciera que lo tienen todo bajo control. [nota_relacionada id=1235392]

POR JORGE ANDRÉS CASTAÑEDA MORALES

COLABORADOR

@JORGEACAST

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