Viñetas con Eusebio Leal

Eusebio Leal ha muerto. Pero Eusebio Leal nunca morirá. Su obra y legado durará mucho tiempo en los anales de la historia de Cuba, pero muy especialmente en los recuerdos de La Habana Vieja. Recientemente conmemoró los 500 años de la fundación de la ciudad, y seguramente lo hizo caminando, aunque lentamente, por esas calles.

Lo conocí trabajando y caminando por las calles y callejones de ese centro histórico. Por eso, no me sorprendió verlo acompañar al Presidente Obama y su esposa en una visita por aquellos lugares emblemático de La Habana Vieja. 

Con Eusebio habíamos participado juntos en la mañana del 11 de septiembre de 2001, temprano, en un evento conmemorativo del golpe de Estado en Chile, pero de 1973, junto con el embajador chileno y muchas representaciones diplomáticas. Cuando arribamos al acto, ya sabíamos que había ocurrido un ataque con aviones a edificios en Nueva York y que Estados Unidos estaba en alerta máxima. Por tanto, Eusebio recomendó cancelar el evento para que cada quien pudiera enterarse de los acontecimientos con más claridad y certeza. 

Esa misma tarde, alrededor de las 5pm, me encontré con Eusebio caminando distraído por el centro histórico. Entablamos una conversación sobre el significado que tendría ese hecho en la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos. Me comentó que venía de hablar con Fidel sobre la situación. Dijo: “Esta es una crisis parecida a la de octubre de 1961. Fidel dijo que los próximos días iban a ser críticos y de crisis y que nos debemos preparar para ello. Por eso calló a unos niños que hablaban durante un evento político y que no estaban poniendo atención a lo que les decía (sic). Que en los próximos días puede haber un desenlace de este asunto y de manera grave para Cuba. Hoy se juega la vida de Cuba…”.

Fidel informó que Cuba le había ofrecido al gobierno de Estados Unidos sus aeropuertos en el caso de que hubiera necesidad de aterrizar aviones ante el cierre de muchos aeropuertos en territorio estadounidense.

También me comentó Eusebio que había cancelado su fiesta de cumpleaños ese día (había nacido el 11 de septiembre, pero de 1942), ante el temor de que el gobierno de Estados Unidos pensara que estaba celebrando el derribo de la Torres Gemelas, en Nueva York, y no su cumpleaños.

Me confirmó que me había buscado para informarme sobre la posición del gobierno cubano ante la crisis del 11 de septiembre de 2001.

Unos tres meses antes, en junio, se realizó una reunión interparlamentaria entre México y Cuba en el Puerto de Veracruz. La reunión se daba en medio de un ambiente enrarecido. Fidel había sufrido un desmayo durante un discurso y, si bien logró recuperarse, la impresión fue impactante: el gobernante mostró una fragilidad que abrió las mentes a la discusión sucesoria. ¿Quién sustituirá a Fidel, en el caso de su deceso?

Durante la reunión en Veracruz hablé con Eusebio Leal sobre el tema. De hecho, él fue quien abrió el tema conmigo, al preguntarme sobre la reacción “real” del cuerpo diplomático ante el desmayo de Fidel. Le dije que no había mucha inquietud por el estado de salud del Presidente, pero el hecho abrió el tema sucesorio, indudablemente.

Entonces hablamos del cambio del gobernante. Él dijo: “Raúl Castro es el ejército y tiene que apoyar, pero el líder debe ser o Ricardo Alarcón o Carlos Lage. Felipe está presente, pero hay dudas acerca de su capacidad de entender el mundo…”. Y se pregunta Eusebio: “¿Tendremos un Jefe de Estado y un Jefe de Gobierno, o será un solo puesto?”. Y me dijo sobre Alarcón: “es un hombre caballeroso, tímido, callado...y no dice que, de ser el sucesor, se abocaría al cambio…”, mientras que sobre Lage señala: “habla de su frustración de no tener las condiciones para hacer más cambios…” y remata con Felipe: “sabe que tiene que haber cambios, pero no se atreve a decirlo…”.

La historia decidió por otro camino, como lo sabemos.

Eusebio reflexionaba sobre la historia de Cuba, siendo, lógicamente, historiador no sólo de La Habana, sino de Cuba y el Caribe en general.

Hablaba de las tres liberaciones de Cuba. De España, de Estados Unidos y de los rusos. Afirmaba que Cuba estaba, por primera vez en su historia, en condiciones de encontrar el camino de un desarrollo propio y autóctono. Me explicó que, de los tres dominios, la rusa fue la más artificial y la que menos huella dejó. “Casi no hay matrimonios entre rusos y cubanos”, afirma Eusebio. Lo cierto es que Fidel no deja de bromear a costa de los rusos (no dice soviéticos, dice rusos), especialmente acerca de los largos y tediosos brindis de los rusos.

Ese desarrollo propio y autónomo sería, también matizaba Eusebio, contando con “una apertura económica a más capital extranjero”.

Era profundamente creyente y liberal, manteniendo una relación estrecha con la Iglesia Católica en la Isla. Creía en la importancia de conocer diversas experiencias. Quizá de ahí explicó lo que fue, años antes, su estrecha relación con Joaquín Balaguer, a la postre Presidente de la República Dominicana, después de haber servido bajo el sátrapa Leónidas Trujillo. Balaguer le otorgó a Eusebio una visa especial (no había relaciones diplomáticas entre Cuba y la República Dominicana en esa época por presiones de Estados Unidos, que, según le dijo Balaguer a Eusebio, “es nuestro dueño”) para que pudiera visitar la República Dominicana cuantas veces quisiese, siempre y cuando Balaguer fuera Presidente de su país. De hecho, su visa decía algo como “Válida cada vez que Joaquín Balaguer es Presidente”. ¿Me preguntaba si el placer secreto que compartían Balaguer y Leal eran las emociones que provocaba el hecho de acercarse y convivir con el poder absolutista con la intención de sobrevivir? Ha muerto un hombre que pudiera ser ejemplo para el futuro de Cuba: más abierto, menos acomplejado, dispuesto a retar las tormentas de los tiempos, con empatía y simpatía por lo diverso y lo diferente. Dispuesto a cambiar, para bien. [nota_relacionada id=1162014]

POR RICARDO PASCOE

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@RPASCOEP

irv / eadp


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