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Ceder la voz

Desde nuestras trincheras profesionales debemos luchar. En la mía edito historias, como costurera que corta un poco de una increíble tela para coserla en otra

OPINIÓN

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He decidido este viernes ceder mi voz a una mujer joven, editora, para que mis lectores tengan acceso, de primera mano, a la voz de alguien que está en la trinchera diaria, viendo y sufriendo este momento que Julieta Venegas cantó recién diciendo: “Las mujeres se están rebelando, los hombres no saben qué hacer”. Las mujeres sí que saben qué hacer. Los dejo con la mirada de Paola:

Que las páginas sean nuestro grito de guerra

Paola Gómez

Pertenezco a una generación que ha gritado sin miedo, que ha aprendido que otras mujeres son nuestras cómplices y nunca más nuestras enemigas. Generación que el 8 de marzo tiñó las ciudades del morado de las jacarandas. Al día siguiente, el silencio hizo tanto ruido que se puso sobre la mesa algo indiscutible: las mujeres ocupan todos los espacios y, por esa razón, debemos ocupar todo el espacio que merecemos. Estamos en oficinas, en hospitales, detrás de un escritorio o de una ventanilla, porque gracias a otras que gritaron con fuerza, hoy podemos trabajar, percibir un salario y tomar decisiones. No vamos a dejar de hacerlo.

Cada una hace lo que puede con lo que tiene. Desde nuestras trincheras profesionales debemos luchar. En la mía edito historias, como costurera que corta un poco de una increíble tela para coserla en otra. Edito las historias de personas que viven en nuestros tiempos para lectores de nuestra época.

En México, y me atrevería a decir que en el mundo, hay más lectoras que lectores. Somos capaces de detener la terrible realidad para sumergirnos en la mente de alguien más. Por ende, si quienes más leemos somos nosotras, lo menos que una editora puede hacer es compartirles historias que las vuelvan valientes, libres. Que la página se convierta en una posibilidad y, también en un grito de guerra. Con esas lectoras jóvenes con quienes tantas veces me he sentido identificada, he construido puentes, gracias a mi campo de batalla.

En esta profesión he conocido a mujeres brillantes que me han regalado su experiencia y ayudado a crecer. He reconocido las ojeras de quien ha pasado una noche en los callejones de una historia, y también el “anonimato” de quien traduce un libro. Pero, a veces poco se habla de quienes están detrás del escritorio.

En México, la industria editorial está llena de nosotras, algo de lo que nos dimos cuenta ese silencioso lunes 9 de marzo que nos enchinó la piel a muchas. Era raro que los hombres estuvieran en las oficinas, pero evidenció algo que debe cambiar: necesitamos más mujeres a cargo, porque este es nuestro tiempo. Y lo que nos toca es seguir haciendo ruido, para lograr una equidad para seguir creando.

Al menos tres de cada cinco mujeres están detrás de los libros que se ofertan en las librerías. Y tenemos que reconocerlo, visibilizarlas en esta gran épica femenina que un día aparecerá en todos los libros. Que habrá derrocado al canon literario, siempre tan lleno de hombres. Ahí también estará nuestra revolución.

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POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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