Tabasco: una estampa

Como en el video, lo más perturbador de la foto no es lo que se ve, sino las ausencias: ahí salen unas poquitas personas bien arregladas y con la ropa seca, sacándose selfie

Tabasco: una estampa
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México: Especial

El presidente López Obrador apareció recientemente en un video propagandístico en Tabasco, que hoy vive una grave emergencia por inundaciones. Durante todo el tiempo la cámara únicamente lo enfoca a él, mientras dirige un mensaje a una audiencia imaginaria. En una foto –que también se ha hecho famosa– aparece encima de un vehículo militar; sonríe, alza las manos y saluda desde la distancia a un público ficticio, como si fuera un desfile.

Como en el video, lo más perturbador de la foto no es lo que se ve, sino las ausencias: ahí salen unas poquitas personas bien arregladas y con la ropa seca, sacándose selfies. Los ausentes son los damnificados, esos que han perdido su patrimonio, que pasan hambre, a quienes el presidente se ha negado a dar la cara. En la propaganda oficial tampoco aparece la realidad de las inundaciones –de esto nos hemos enterado por los medios–, sino escenarios cuidadosamente elegidos para minimizar la catástrofe.

La respuesta ante la crisis en Tabasco (y Chiapas, otro Estado severamente afectado) es una estampa de este gobierno en muchos sentidos. Junto a la insensibilidad y la negación de la realidad, está la insistencia de leer los problemas del país en clave de conveniencia electoral. El presidente tardó varios días para ir a atender la emergencia; llegó sólo después de que el descontento social se incrementó y amenazó con convertirse en un problema político –más importante, pareciera, que la tragedia humana.

También es una estampa de la destrucción institucional con la que se ha debilitado la capacidad del Estado para servir a la gente. Durante años –en la “era neoliberal”– México creó un Fondo específicamente para atender desastres naturales (el FONDEN), que servía de forma eficiente. Este gobierno acaba de desaparecerlo, dejando al país sin un instrumento vital para apoyar a la población vulnerable durante esta crisis, y las que vengan.

Luego está la forma ideologizada, cortoplacista, peleada con la técnica, como este gobierno toma decisiones. Que Tabasco se inunde es un problema geográfico, claramente no es culpa de esta administración y ha sido el resultado del abandono histórico. Sin embargo, en lugar de destinar dinero para construir las obras de infraestructura necesarias para remediar este problema (obras que beneficiarían permanentemente a la población, detonarían la economía y el empleo), a Tabasco se están canalizando miles de millones de pesos para la refinería de Dos Bocas, un proyecto inviable e innecesario que sólo pierde dinero.

Hace unos días el presidente reconoció que, para evitar que se inundara Villahermosa, capital del Estado, se decidió dejar correr el agua hacia las zonas bajas, donde vive la gente más pobre. Este dilema permanente de elegir el peor de dos males es un estándar que el país no se merece y con el que no podemos conformarnos. México tiene los recursos y la capacidad de enfrentar diversos problemas en simultáneo. Lo que se necesita es recuperar una forma de gobierno que ponga la razón por encima del capricho y la visión de largo plazo sobre los cálculos electorales.

 

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA
DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
@GUILLERMOLERDO


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