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Carta a los Reyes Magos (de la 4T) para las Fuerzas Armadas

Este tipo de proceso incluye inversiones estatales, debe ser planeado y ejecutado con el consenso de sectores políticos, económicos y militares.

OPINIÓN

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Las Fuerzas Armadas mexicanas comenzaron un proceso de modernización entre 2007-2010 para contar con infraestructura, equipo y tecnología contemporánea hacia 2030. Este proceso parece haber tomado una pausa con la política de austeridad de la 4T; sin embargo, si la administración actual estudiara los beneficios potenciales de continuarla (y expandirla) sería capaz de potenciar sectores económicos fundamentales para el desarrollo nacional.

Alrededor del mundo, este tipo de proceso incluye inversiones estatales significativas, por lo que debe ser planeado y ejecutado con el consenso de sectores políticos y económicos, no sólo el militar. Es normal –desde luego– que los planes sean ajustados periódicamente para adaptarlos a los adelantos tecnológicos y a la actualización de las agendas de amenazas y riesgos.

Dado que son procesos por lo general largos –abarcando varias administraciones– deben ser transparentes desde el punto de vista presupuestal, que les permitiría tener un impacto económico transformante y que no sea articulado como "plan de compras de equipo" que se traduce sólo en gasto, sino que sean concebidos como una inversión para fortalecer las capacidades tecnológicas, industriales, laborales y sociales, ligándolas al desarrollo nacional.

Para lo último, se deben incluir a la industria militar y naval, a la industria pública y privada nacional, entidades de investigación y desarrollo científico, el sector educativo medio-alto y, desde luego, proveedores industriales extranjeros.

Para el Ejército, la Armada y Fuerza Aérea el proceso comenzó a materializarse entre 2009 y 2012, con la entrega de los primeros aviones de transporte CASA (ahora Airbus) C295M de España, helicópteros Eurocopter (ahora Airbus Helicopters) EC725 de Francia, los buques de patrulla clase Tenochtitlan de la naviera holandesa Damen, y los aviones Beechcraft T-6C+, helicópteros Bell 407 y 412 (tanto Beechcraft como Bell son compañías de Textron), helicópteros UH-60M Black Hawk de Sikorsky (ahora Lockheed Martin) y los blindados ligeros SandCat de Oshkosh, todos estos últimos de Estados Unidos.

Durante el sexenio 2012-2018 la inversión en este proceso se multiplicó varias veces, pero quedó corto de los planes originales en varios rubros que quedaron pendientes, incluyendo helicópteros ligeros y medianos, aviones de transporte para mover cantidades estratégicas de equipo y tropas, vigilancia, reconocimiento e inteligencia para apoyar las operaciones quirúrgicas y las grandes aéreas marítimas, radares para blindar el espacio aéreo, blindados ligeros para proteger a la tropa que se desplaza de día y de noche a puntos estratégicos del país, buques de patrulla costera, apoyo logístico para avituallar y patrullas interceptoras para reaccionar en tiempo real.

Todo eso queda pendiente para pedírselo a los Reyes Magos (de la 4T).

La mayoría de las empresas extranjeras mencionadas realizaron inversiones multimillonarias en México durante estos años, contratando a miles de mexicanos de manera directa y estableciendo alianzas estratégicas que enlazaron a proveedores mexicanos con cadenas de suministro globales.

Cabe destacar que las inversiones y contrataciones no estuvieron enfocadas a crecer la industria militar o armamentista en México, al contrario, se enfocaron en sectores de componentes industriales y de alta tecnología.

Por ejemplo, Textron estableció y expandió su presencia en el clúster aeroespacial de Chihuahua, en donde se producen partes para las flotas de aviones y helicópteros comerciales; Lockheed Martin adquirió una fábrica de cables y arneses aeronáuticos en Tijuana.

Airbus abrió un centro de producción de aeroestructuras en Querétaro también para aviones comerciales y helicópteros, así como centros de mantenimiento, reparación y entrenamiento; Oshkosh estableció alianzas con proveedores locales en el centro de México y monto una planta en Guanajuato.

Damen transfirió conocimiento y tecnología a los Astilleros de Marina para la producción en México de diversas embarcaciones, en fin, la inversión en estas compras tuvieron una multiplicación directa en la capacidad productiva del país.

Y no termina ahí, hay mucho, mucho por crecer, incluyendo el desarrollo de integradores de tecnología informática nacionales, el desarrollo de programas de mejoras y modernización de media vida para plataformas ya en servicio, innovación de sistemas en los sectores naval, aéreo, terrestre, inteligencia y comunicaciones.

Para cada una de estas cadenas de suministros se requiere desde luego de un flujo constante de mano de obra calificada, ejecutivos, ingenieros, administradores… y una infraestructura educativa flexible y robusta para generarlos.

De tal manera que invertir en vigorizar las capacidades de las Fuerzas Armadas deriva en fortalecer a México como nación, mucho más allá de los aviones, helicópteros y radares nuevos.

Pero hay que hacer la tarea, hay que hacer el esfuerzo para identificar las prioridades, políticas y los programas necesarios para hacer convertir este gasto en inversión y desde luego generar la voluntad para firmar el cheque.

La carta a los Reyes Magos (de la 4T) por lo tanto debe de ser, precisamente, pedir compromiso, capacidad e intención para fortalecer a México.

POR IÑIGO GUEVARA MOYANO

CONSULTOR DE LA COMPAN?I?A JANE'S EN WASHINGTON, DC

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