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Mi asombro por México

Más allá de recetas político-económicas, existe un ámbito clave para la transformación: la educación

OPINIÓN

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No me deja de sorprender este país donde la extrema amabilidad de la gente convive con la extrema violencia y las extraordinarias oportunidades de crecimiento y logros individuales comparten los espacios con las estructuras casi feudales de relaciones sociales y laborales. A todo ello se suma una fuerte desigualdad, informalidad e inseguridad que se mezclan con los enredos telenovelescos e historias como la de la niña Frida Sofía que nunca existió, de Karen que inventó una desaparición para escapar del control materno, o de Andy Ruiz una estrella fugaz que no supo enfrentar su éxito con responsabilidad.

Después de vivir aquí durante cierto tiempo, me sigue costando entender a este país y a su gente. No es fácil comprender a sus políticos que cada seis años proponen un cambio milagroso, y después de dar dos pasos adelante, caminan cinco hacia atrás, para permanecer finalmente en un constante juego de apariencias e incoherencias.

¿Por qué México no ha podido convertirse en un país donde reine la normalidad y el estado de derecho? ¿Cómo conseguir esa transformación? Hay muchas propuestas basadas en diferentes teorías económicas. Existen numerosos modelos de los países que supieron transformarse y hoy ocupan lugares destacados en el desarrollo global. Pero nada ha funcionado aquí y ningún modelo se aplicó en su totalidad. Entre la corrupción, la búsqueda de culpables por la inseguridad, la añoranza por los viejos tiempos y las acusaciones de injerencia desde Estados Unidos, se escapan los años sin que se logre una transformación socioeconómica profunda en este país.

El cambio cuesta y es doloroso. Implica mucho trabajo, sacrificio, constancia y coherencia de la que normalmente carecen las propuestas políticas que se modifican en función de las necesidades del momento. Ahora bien, más allá de las recetas político-económicas, existe un ámbito clave para la transformación que ningún país debería abandonar: la educación. Desde principios del siglo XXI, la calidad de la educación en México se ha mantenido muy por debajo de la media de la OCDE.

Lo han confirmado recientemente los exámenes PISA en los que los alumnos mexicanos tuvieron un desempeño muy deficiente. Desafortunadamente, nada indica que algo cambiará en este ámbito secuestrado desde hace muchos años por los sindicatos y por las conveniencias políticas. Sin la educación de calidad no hay posibilidad de generar una mayor movilidad social, de enseñar a los jóvenes la responsabilidad por sus acciones o de inculcar los valores del trabajo y del mérito.

La educación fue la piedra angular que sacó del subdesarrollo a China y a varios países excomunistas. No hay otro camino. La gran pregunta es saber si México estará condenado a un lento deambular por este mundo con los ojos medio cerrados. No es un escenario descartable, aunque todos deseamos que este país encuentre rápido su camino de transformación. Por lo pronto, este año finaliza nuevamente con muchas decepciones y desilusiones.

POR BEATA WOJNA

PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@BEATAWOJNA

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