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El futuro del Rey

OPINIÓN

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El 27 de julio de 2011 el Santos FC enfrenta al Flamengo. Después de un rebote de la defensa rival en media cancha toma el balón y encara a dos rivales que salen presurosos a su marca, con una finta y un pequeño autopase, el crack logra escapar e inmediatamente se encamina a la portería rival. De camino, arma una pared con su compañero delantero quien, sin pensarlo, le regresa el pase desahogando la jugada. Él recibe cerca del área del Flamengo y otros dos marcadores intentan pararlo, pero después de una gambeta precisa realiza otro autopase que lo deja frente al portero y golpeando el balón con gran calidad vence al guardameta haciendo inútil su salida. Neymar acaba de ganar el Premio Puskas al mejor gol de 2011. Tenía 20 años. Nacido el 5 de febrero de 1992 en Sao Pablo, Brasil, Neymar da Silva Santos Júnior comparte nombre con su padre, que también fue futbolista profesional y que le ha apoyado en su carrera. Se unió al Santos en 2003, a los 11 años; a los 14 viajó a España a probarse en el Real Madrid, y pasó la prueba, pero su club pagó por conservarlo, y en 2009, con tan sólo 17, lo debutó en el primer equipo. Estaba escrito que Ney no podía permanecer por siempre con su primer equipo, como en su momento hizo Pelé; el gran juego está ahora en Europa, y en el 2013 se integra al Barcelona. Para este momento, estaban claras sus cualidades deportivas: habilidad extraordinaria, juventud, velocidad, fuerza mental. Un estilo vistoso y casi rebuscado con el que genera goles en jugadas personales, colectivas, en penaltis, a balón parado, de cabeza, de chilena, de cualquier forma; su talento es ilimitado. Ney era un genio en formación y llegó a compartir vestuario con uno consolidado Lionel Messi. Ambos, junto con el uruguayo Luis Suárez, destrozaron materialmente la liga, haciendo cada partido jugadas maravillosas coronadas con cientos de goles y estableciendo una de las delanteras más temibles que se hayan dado en la historia de este deporte, la bautizada MSN, por las siglas de los tres. Se pueden llenar tomos con los análisis de las proezas en el Barcelona, pero en el 2017, Ney dejó conmocionado al mundo entero con su traspaso millonario al París Saint Germain. La cifra desembolsada por el equipo generó debates y reacciones no sólo en el medio deportivo, sino que salpicó los análisis económicos e incluso políticos. Sus cambios de equipo siempre han generado polémica, pero ninguno como en ese momento, lo que ha opacado un poco al jugador que irradia una inusitada alegría en todos los campos que pisa, un entusiasmo que contagia y sus enormes ganas de desmarcarse, de salir de la sombra de las grandes figuras históricas y actuales, con quienes se le compara mediante su trabajo en la cancha. Neymar está llamado a ser el mejor jugador del mundo, y evidentemente pelear y ganar su primer balón de oro y muchos más. ¿Lo hará en París o en Madrid? Veremos…