Consejero de Seguridad Nacional

En 1947 el Presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, sabía que tenía que reformar sus sistemas de seguridad y defensa nacionales para poder hacer frente a las nuevas amenazas de la Guerra Fría. Las instituciones americanas que hicieron frente a dos guerras mundiales no estaban preparadas para combatir la expansión del comunismo soviético en el mundo. Tampoco había mecanismos de coordinación al interior del gobierno de Truman que permitieran la supervisión y alineación de instrucciones de todas las instituciones civiles y militares que tendrían que ver con la seguridad del país. Entre las instituciones que se crearon en ese año se encuentra el Consejo de Seguridad Nacional. Su titular, el Consejero, juega un rol de equilibrista entre las opiniones, a veces divergentes, de las agencias de inteligencia. Además el Consejero de Seguridad Nacional cuenta con al menos 400 asesores profesionales que conocen a profundidad las entrañas de los servicios de inteligencia. En cambio, México, así como el Presidente de la República, carece de un consejero de seguridad nacional. La figura que más se le acerca es la del secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional (creado apenas en 2005) quien no tiene poder real dentro del sistema. Aunque es un nombramiento presidencial, y por ley debe tener presupuesto y personal propio a su cargo, su importancia es irrelevante. Su presupuesto, frente al del resto del gabinete de seguridad nacional, es irrisorio y su equipo no supera las 20 personas. Sin embargo, en los últimos tres sexenios los presidentes en turno le han dado un rol a esta figura dependiendo de su agenda. Por ejemplo a Fox le valió sorbete la figura, se la regaló al CISEN luego que no le vio utilidad frente al boicot de los secretarios de Estado y auto-boicot de Aguilar Zinser cuando encabezó esta oficina. Calderón observó en ella una utilidad estratégica, al grado de regresar esta institución a los Pinos. Desde esa misma oficina, se operó la Iniciativa Mérida con Sigrid Arzt; posteriormente se dio el desfile de tótems, tanto de seguridad como de política, entre ellos Jorge Tello Peón, Monte Alejandro Rubido y Alejandro Poiré. Peña ignoró la utilidad de esta posición y prefirió delegar sus funciones al súper poderoso exConsejero Jurídico de la presidencia, Humberto Castillejos. Esta oficina ha sido irrelevante a lo largo de su sexenio. Hoy su titular es Tomás Zerón, un tótem de la seguridad, pero en desgracia política por los casos de Ayotzinapa y Pegasus. Un consejero con buena interlocución con las fuerzas armadas e instancias civiles de seguridad, con facultades legales, rango de gabinete y la confianza del presidente, como cuenta la figura en EUA, podría corregir algunos de los problemas estructurales de la seguridad nacional en México como en su momento lo concretó Truman para Estados Unidos. Columna invitada: La Bicamaral de Seguridad Nacional no funciona

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