Crónica del desmantelamiento del IFE (segunda parte)

Eduardo Gurza y Selene Márquez son personajes clave para entender cómo el INE de Córdova vulneró la autonomía que Woldenberg defendió.

OPINIÓN

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A finales de 2007 Lorenzo Córdova regresaba de un viaje a Argentina cuando las bancadas del PRI, PAN y PRD le propusieron dirigir el IFE. Ese año y el anterior sus análisis críticos desde el Instituto de Investigaciones Legislativas de la UNAM le significaron un papel destacado en la reforma que otorgó al IFE el control de la distribución de los tiempos de radio y televisión para los partidos. Después de la elección de Calderón que socavó la confianza del instituto, Córdova se convirtió en un referente cuyas opiniones ganaban espacios en la prensa; la luna de miel terminó con la Reforma Electoral que extinguió la discrecionalidad de los medios en el reparto de los tiempos de radio y televisión. La respuesta de los medios fue muy agresiva con las observaciones de Córdova respecto a que esta reforma había logrado reivindicar el valor de la política ante los intereses del poder mediático, que en su opinión se había impuesto al Estado con la reforma de Fox que perdonó impuestos a empresas y después con la Ley Televisa que autorizó la desregulación del espectro digital en favor del duopolio Azcárraga y TV Azteca. Los líderes de los tres principales partidos en la Cámara de Diputados le informaron de un acuerdo para que presidiera el IFE y Córdova aceptó. Todo estaba listo para el anuncio, pero unas horas antes lo citaron para comunicarle que el elegido sería Leonardo Valdés. Hace dos años Córdova me contó que recuerda ese momento como una trituradora de famas públicas. Decepcionado, tomó la decisión de no volver a participar en decisiones asociadas con pactos en la política. Regresó a la UNAM, estudió la reforma que dio origen a las candidaturas independientes y en 2011 las bancadas del PRI, PAN y PRD volvieron a llamarlo. “Durante un año nos has exigido ser responsables, rechazar cuotas y encontrar los mejores perfiles”, le dijo Francisco Rojas. Córdova pidió unos días para pensarlo, pero el líder de los diputados del PRI le dijo que ante la urgencia, no había tiempo. Rojas lo convenció. Tres años más tarde Córdova fue nombrado presidente en un proceso que aniquiló en definitiva el espíritu ciudadano y de perfiles independientes de la era Woldenberg y consolidó el control de los partidos sobre el Consejo que comenzó a configurarse en 2003 con la negociación entre Germán Martínez y Elba Esther Gordillo. La designación partidista de consejeros profundizó una grieta abierta en la gestión de Ugalde: la designación de altos funcionarios vinculados al PAN, al PRI y a distintos gobiernos, un golpe definitivo a la declinante autonomía del IFE. Eduardo Gurza Curiel y Selene Márquez son dos personajes indispensables para entender cómo el INE de Córdova vulneró la autonomía que Woldenberg defendió en el IFE y la manera en que los partidos políticos sepultaron la esencia ciudadana de la institución. Columna anterior: Crónica del desmantelamiento del IFE (primera parte)