China: el Partido Comunista sobre los bancos

La diferencia entre las reformas financieras de México y China es que la nuestra liberó las restricciones al crédito

OPINIÓN

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¿Qué pasaría en México si de pronto el presidente de la República acude a la siguiente Convención Bancaria en 2018 —la que tradicionalmente se celebra en Acapulco— y anuncia que el gobierno iniciará una serie de reformas para controlar mejor al sector financiero y meter en cintura los excesos de los banqueros? Más de algún banquero se inquietaría y se preguntaría cuál sería la escala de las nuevas regulaciones anunciadas para los siguientes años. En China ocurrió algo parecido el fin de semana: el presidente Xi Jinping dijo el sábado —durante la Conferencia Nacional del Sector Financiero— que el Partido Comunista lanzará una serie de reformas para regular al sector financiero, obligarlo a un mandato que busque el progreso, y mantener la estabilidad macroeconómica mientras cumple las leyes de desarrollo financiero. El periódico South China Morning Post reportó ayer que, tras los comentarios del presidente, 2 mil 800 acciones se desplomaron, con 500 de ellas traspasando un límite de caída mayor al 10 por ciento. Uno de los índices que refleja las empresas innovadoras chinas, el ChiNext, cayó más de 5 por ciento. China está creciendo muy rápido. Ayer se reportó que su PIB se desplaza a una velocidad de 6.9 por ciento en forma anual. Asimismo, la producción industrial está disparada; y las ventas al menudeo crecen a doble dígito. ¿Cuál es el problema, entonces? Que China quiere seguir creciendo, sí, pero sabe que debe contener sus riesgos. Hay inversionistas que hablan de la ruptura de una burbuja. Al mismo tiempo, Jinping quiere que los bancos presten dinero en zonas del país que están menos desarrolladas. En México tuvimos una reforma financiera de gran calado en 2013, que permitió a los bancos aumentar el crédito, contar con tribunales especializados, mientras a la banca de desarrollo le mudó su propósito para prestar más dinero. Esa reforma arrojó que el crédito crezca actualmente a un ritmo de 4 veces lo que crece el PIB, profundizando la presencia del sector financiero en la economía y al mismo tiempo evitando la formación de una burbuja. México ha elegido un camino con regulación financiera prudencial que nos ha puesto en el ojo internacional desde hace varios años. El sector financiero muestra vigor y es motor del crecimiento del país, algo que todos los mexicanos deberíamos atesorar como un gran activo que ha permitido que las generaciones que han entrado en edad productiva durante los últimos veinte años hayan gozado de un sistema con riesgos mínimos. Por eso las crisis recientes han venido de fuera, y no como resultado de excesos internos. La diferencia entre las reformas financieras de México y China es que la nuestra liberó las restricciones al crédito; mientras que la china pretenderá ahora ordenarlo y dirigir más prudentemente su camino. motacarlos100@gmail.com Columna anterior: El semáforo de siete colores de García Luna